Echando una mirada a mi círculo, no encuentro a nadie más excéntrico que yo. Por eso hoy escribiré sobre mi y sobre lo que piensan mis amigos, vecinos y familia de lo que hago.
Durante casi toda mi vida me he sentido el bicho raro, la que no encaja en el entorno, la rara, la que le gustan los libros, los ordenadores, la que viste raro. Siempre me he sentido así y si en algún momento dejé de hacerlo, ya había algún buen vecino, familiar o amigo que se encargaba de recordármelo.
Durante casi toda mi vida he sido la friki, a la que decían que no hiciera lo que le gustaba porque no servía para nada. Y durante casi toda mi vida he luchado por hacer entender a mi entorno la valía de lo que hacía, hasta que llegué a la conclusión que verdaderamente no me importaba lo que pensaran. No necesitaba su aprobación para "hacer muñecas", no necesitaba su aprobación para ser como soy.
Ser excéntrica, salirte de las normas de tu comunidad, ser la bicho raro no es malo, al contrario, te hace crecer como persona y hacer lo que te de la gana siempre que puedes e incluso cuando no puedes hacerlo.
Hace poco alguien me dijo que madurara porque mi comportamiento parecía el de una niña, pero no, no soy una niña, pero siento la ilusión de los niños por las cosas nuevas y es algo que no quiero perder.
Nunca me conformé con ser una trabajadora, ama de casa y madre "normal", no quise perder la ilusión entre cartas, limpiezas y pañales, porque si en algún momento la perdía me sentiría yo más perdida aún.
Debo admitir que me gusta cantar y debo admitir también que canto muy mal, pero eso no evita que lo haga, no en público, para no dañar los oídos a nadie, pero si en casa. ¿Por qué tengo que renunciar a algo que me hace feliz cuando hay tantas cosas que te lo hacen pasar mal? Canto a todo pulmón mientras mis hijos en más de una ocasión se han revolcado de la risa en el suelo con los oídos tapados. Lloro y río con la misma fuerza con la que canto.
Me dedico a hacer "muñecas" en el ordenador y disfruto con ello.
Quizás no sea excéntrica, quizas sólo sea la rara pero me gusta ser como soy aunque todavía tengo muchas cosas que mejorar. Pero así soy yo, la rarita imperfecta de mis vecinos.
No puedo evitarlo, miro a mi alrededor y no quiero ser como ellos, no es que sea mejor, no me creo mejor que nadie, pero no soy ni quiero ser como ellos. Tendría que renunciar a mi propio ser y no, no y no.
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