Cuenta la leyenda que esta ave se encontraba en el Edén o el paraíso, de majestuoso vuelo, color dorado, carmesí y una cola azul brillante, tenía su nido en un rosal. Cuando todos comieron fruto del árbol prohibido, él fue el único animal que cumplió con la orden de no comerla. Adán y Eva fueron expulsados junto con todos y al Ave Fénix se le concedió el placer de permanecer. Luego un Ángel levanto su espada y salto de ella una chispa que calcinó al Ave en su nido, milagrosamente renació ya que Dios por haber obedecido le concedió la inmortalidad, se le dieron otros dones como el curativo, capaz de sanar cualquier herida a través de sus lágrimas, el conocimiento, control sobre el fuego, la luz y una tenacidad física sin igual.
En nido realizado con ramas de roble, hierbas y especies aromáticas de primera calidad, es colocado un único huevo que empollaba por tres días, al tercer día ardía el ave en llamas hasta reducirse a cenizas, de allí nacía una larva que entraba al huevo y en tres días más resurgía la misma AVE FÉNIX con mas conocimiento y tenacidad.
Un Ave mitológica, que aparece en culturas como la de Roma, Grecia, en la India, nombrada hasta en África con sus muchas similitudes, la que más destaca es la de inmolarse para renacer de sus cenizas cada 500 años.
Y ustedes dirán ¿qué tiene que ver eso con la RESILIENSIA? pues fíjense que su concepto básico dice que es la capacidad que tiene una persona para superar algunas circunstancias y hacer frente a los reveses de la vida.
Así somos nosotros, transformadores, capaces de renovarnos ante las adversidades, convirtiéndonos en personas más fuertes y valientes. Renacer de nuestras cenizas con el poder transformador del conocimiento que es fuego.
¿Quién no ha llorado? Y con ello limpiado sus heridas y avanzado, nos hemos curado. Crecer, formarnos nuevas metas, hacemos catarsis y construimos un mundo mejor a la medida de lo que necesitamos, dejando atrás todo aquello que nos hace daño.
“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído”
-Viktor Frankl-
El nido del Fénix es su Resiliencia para la transformación, allí coloco las mejores maderas, hojas y esencias, nosotros buscamos esos elementos mágicos que nos recuerdan donde están nuestras fortalezas, buscamos ramas de autoestima, agua de amor propio, sacamos lo mejor de nosotros mismos, para así desarrollar nuestro propio potencial y ser creativos para desarrollarlas.
Podemos desplegar las alas y sobrevolar un universo de posibilidades en nuestro interior y ver que somos capaces de hacer un vuelo perfecto utilizando mejor la mente.
Soy de la orden del FÉNIX
Soy un diamante. Soy alquimista de mi propia vida.
Hasta nuestra próxima gota de crecimiento.