(Rosa Montero)
Una reflexión no solo sobre las cosas materiales, sino también para las relaciones y apegos con personas.
Cuando nos aferramos a nuestras posesiones, y no podemos desprendernos de ellas dejamos nuestra paz interna a un lado, solo por mantener el afán de conservar algo que muchas veces nos hace daño.
Posesiones no son solo materiales, también son de personas, aquellas relaciones que no tienen futuro pero que aun así nos aferremos a mantenerla, sin dejarla ir. Detenemos nuestro crecimiento personal, perturbamos nuestra armonía y nos dejamos poseer por personas que nos encadenan y no nos dejan ver más allá de lo visible.
Lo mismo pasa cuando nos involucramos en situaciones hostiles, donde nos ahogamos, nos limitamos y nos llenamos de inseguridades, cayendo en un torbellino sin fin, donde nos apegamos a las situaciones tanto, que luego se nos hace imposible salir de ellas y nos sentimos encadenados.
Si no podemos dejar ir cosas materiales, personas y salir de situaciones entonces estamos poseídos por ellas, sin embargo cuando nos desprendemos fácilmente de estas variables entonces somos poseedores, dejamos ir lo que nos hace daño y aquello que es lo mejor para otras personas.
Debemos ser concientes de lo que elegimos, para poder tener la capacidad de comenzar y cerrar etapas en la vida. Todo está en conocerse a sí mismo, saber elegir, descubrir internamente los que nos hace bien.