Hoy les traigo la historia escalofriante de Herman Webster Mudgett, mejor conocido como H.H Holmes, esta historia en principio nos resultará increíble y nos hará preguntarnos ¿Cómo es capaz un hombre concebir una idea tan macabra?, la creación de una mansión digna de una novela de horror del siglo XIX, llena de piscinas de ácido, habitaciones con paredes que se cerraban aplastando a sus víctimas, cámaras de gas, trampas que al ser pisadas activaban todo tipo de dardos venenosos, pinchos, disparos, etc. Su mansión abrió sus puertas al público en general en forma de hotel para la Feria Mundial de 1893, y sería la fachada de un siniestro “templo de tortura” en el que Holmes torturaría y asesinaría mujeres y niños de las maneras más terroríficas posibles.
¿Quién fue Herman Webster Mudgett?
(16 de mayo de 1861 – 7 de mayo de 1896), también conocido como Dr. Henry Howard Holmes o simplemente «Dr. Holmes», fue un asesino en serie estadounidense que confesó hasta veintisiete asesinatos y cincuenta intentos de asesinato; investigaciones modernas calculan el número de sus asesinatos en unos doscientos.
Fuente
El Dr. Holmes desde temprana edad recibió una gran cantidad de abusos y maltratos, esto ocasiono que escapara de su hogar, desde entonces comenzó a ganar dinero gracias a varias estafas, entre las cuales se encontraba vender una supuesta cura al alcoholismo. Al poco tiempo ya llevaba una triple vida, estando casado simultáneamente con tres mujeres. Necesitado de dinero falsificó los documentos de posesión de una empresa farmacéutica y después de hacer esto asesinó al verdadero dueño reclamando inmediatamente una cuantiosa fortuna, que utilizaría para construir su enorme mansión.
El Castillo
Como fue conocido por los locales, ocupaba una manzana entera y contaba con varios pisos. Holmes contrató a varias empresas, a las cuales nunca pagaba e interrumpía pronto sus obras. De ese modo, él era el único en conocer en detalle el edificio, cuyo extraño arreglo habría podido despertar la curiosidad de cualquiera. La planta baja estaba conformada por negocios y era relativamente normal, aunque sus sótanos y pisos superiores estaban plagados de trampas, escaleras que no llevaban a ningún lado, habitaciones secretas y un laberinto retorcido de pasillos secretos desde los cuales, el doctor podía observar a escondidas a sus clientes por unas ventanillas disimuladas en las paredes, el doctor podía observar a escondidas a sus clientes. Con abrir unos grifos de gas, el Dr. Holmes podía asfixiar a los ocupantes de algunas habitaciones sin siquiera moverse.
Un montacargas y dos "toboganes" ayudaban para hacer bajar los cadáveres a una bodega donde según los requerimientos de cada uno, eran disueltos en una cubeta de ácido, reducidos a polvo por incineración, o hundidos vivos en una cubeta llena de cal. En la habitación a la cual llamó "el calabozo" había instalado instrumentos de tortura.
A lo largo de los seis meses que se mantuvo, la fábrica de matar del Dr. Holmes estuvo activa y ocupada en todo momento. El verdugo seleccionaba a sus víctimas minuciosamente, estas tenían que ser adineradas, jóvenes, guapas, estar solteras y para evitar visitas, su residencia tenía que estar situada lo más alejada posible de Chicago.
Las rentas del hotel comenzaron a descender y Holmes se vio en la necesidad de conseguir dinero por lo cual incendió el último piso de su inmueble y reclamó a su asegurador una prima de 60 000 dólares, sin pensar que la compañía podría hacer una investigación antes de pagárselos. Luego del descubrimiento de la aseguradora, el doctor se refugió en Texas, donde realizó estafas que lo llevaron por primera vez a la cárcel. Volvió a salir unos meses después no sin haber puesto en pie una nueva operación criminal.
Un cómplice, llamado Pitezel, debía comprar un seguro de vida en una compañía de Filadelfia. Después de esto presentarían un cadáver desfigurado como suyo. De este modo la póliza que cobraría la Sra. Pitezel sería repartida. Sin embargo Holmes cambió sus planes y mató a Pitezel, ahorrándose la búsqueda del cadáver desfigurado y quedándose con todo el dinero del seguro, ya que luego se deshizo de sus hijos.
Sin embargo, lo denunciaron, y la policía realizó una investigación. Holmes confesó la estafa a la aseguradora y los asesinatos de Pitezel y su familia.
Una vez detenido el asesino, la policía registró el hotel, y se descubrió que éste había sido utilizado como cámara de torturas y ejecuciones. Los agentes encontraron cámaras herméticas en las cuales se podía bombear gas, un horno lo bastante grande para contener un cuerpo humano, cubetas de ácido, y habitaciones equipadas con instrumental quirúrgico de disección así como todo tipo de artilugios que permitirían la tortura. Una de las máquinas que poseía llamó especialmente la atención de los periodistas: un autómata que tenía la habilidad de hacerle cosquillas en la planta de los pies las víctimas hasta matarlas de risa.
Durante el juicio Holmes confeso haber asesinado a personas en toda su vida, no obstante, es una cifra poco creíble, ya que el Dr. Afirmó haber matado a personas que para ese entonces aún seguían con vida, burlándose del juez y de todas aquellas personas presentes en el tribunal. A pesar de que no se sabe con exactitud la cantidad de víctimas de Holmes, los descubrimientos hechos en su castillo sugieren una cifra aproximada de doscientas mujeres.
Holmes fue sentenciado a muerte por el Tribunal de Filadelfia y ahorcado el 7 de mayo de 1896, contando entonces con treinta y cuatro años de edad.