Sexo
Es la primera categoría asignada, incluso antes de nacer. El término «sexo» deriva del latín sexus, por sectus, «sección, separación». En biología, se utiliza para nombrar una serie de rasgos que diferencian a las especies entre masculino o femenino (sin tener que ver directamente con la masculinidad o feminidad). Se determina según los gametos que produzcan (óvulos o espermatozoides), así que es una categoría enteramente reproductiva.
Algunas especies producen ambos gametos, fenómeno que se conoce como hermafrodismo. Hay casos en la especie humana similares a este fenómeno, pero el término correcto para referirse a ellos es intersexual.
El sexo no está determinado sólo por los genes, hay especies (en su mayoría marinas) que dependen de la temperatura durante la fecundación o el embarazo para desarrollar ciertas características reproductivas.
Género
Es un término utilizado en las ciencias sociales para aludir al «conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres» (BLANCO (2004), p. 269). La Organización Mundial de la Salud se refiere a este término como «los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres».
Se trata, entonces, de una construcción social y no de una separación natural de roles inherente a la condición biológica. Es por esto que la analogía entre sexo y género es errónea. La Real Academia Española indica que «es inadmisible, sin embargo, el empleo de la palabra género sin este sentido técnico preciso, como mero sinónimo de sexo.»
«El género no es propiedad del cuerpo, sino efecto producido en cuerpos, comportamientos y relaciones sociales». Teresa de Lauretis.
La sociedad indica, mayoritariamente, que hay que ser hombre o mujer y que la relación sexo-género es estática. Es por esto que a la gente transgénero se les diagnostica médicamente con «disforia de género», como una desviación, sin la posibilidad de habitar las características del género como le plazca.
«No debería reasignarse un género para que la relación género-sexo coincida, sino ampliar el marco sexo-normativo para incluir diferentes formas de vivir en pluralidad». Lucía Sánchez.
El rol del género no es reconocido en pluralidad. Aunque no dependa de los órganos genitales sino de la construcción cultural de las identidades, nuestra sociedad parece estar lejos de lograr separar ambos términos y entenderlos como dos organismos que funcionan juntos pero no revueltos, y que el género no habita en dos categorías exclusivas y excluyentes sino que tiene miles de formas de manifestarse. ¿Dejaremos entonces que el mundo se defina a partir de algo tan poco particular como los genitales?
Referencias:
(Blanco Prieto, Pilar (2004). La violencia contra las mujeres: prevención y detección, cómo promover desde los servicios sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. Madrid: Ediciones Díaz de Santos.)