Me vieron recogiendo un único papel de galleta oreo tirado en un piso muy limpio, dijeron que era una manía estúpida, que mejor recogiera toda la basura que se me atravesara, que me pusiera de una vez a limpiar todo el pueblo.
No supe qué contestar, por un momento me lo creí.
Tuve esa idea en la cabeza por muchas horas y al final llegué a una pequeña conclusión:
Al otro lado del mundo, existe una persona qué, como yo, también recoge alguno que otro papelito mal atravesado en el suelo y te puedo asegurar que no somos sólo nosotros dos.
Las personas así tal vez somos pocas, o tal vez estamos dispersas. Pero creo más en la segunda opción.
Eso me hizo pensar que así son también las personas que trabajan en pro de la sociedad o de un mundo mejor. Pareciera que trabajaran solas, que su pequeño grano de arena no hace mucho. Pero resulta que están dispersos y que aunque se encuentren cada uno por su lado, tienen ya un montículo de arena que juntos, podría ser una montaña. Imagínate el poder que tendrían si se aliaran... O si Dios hubiera decidido ponerlos a todos en un mismo lugar.