Mánchester, diciembre de 2002.
Ni cuando el sol más brillante que abunda entre las nubes,
Ni la luna, con su color blanquecino y sus hoyuelos, elogiando a la mayor parte de esta ciudad,
Ni el fenómeno de varios colores, que desprende una sonrisa a medio mundo,
Aún con todos los torbellinos que alucinan en mi cabeza por la depresión más grande, de olvidar a tantos hombres.
A mediados de agosto, me llama un viejo amigo, que aparentemente en estos momentos estudia conmigo en la misma prisión pintada de un color menos desesperante, apenas eran las dos y cuarenta y seis de una madrugada muy fría.
Realmente lo dejé en visto, no quería hablar con nadie, me sentía decepcionada de mí misma, me sentía mal conmigo misma, sólo pensaba en que iba a hacer con mis putos pensamientos, en las que anhelo que el ex amor de mi vida aparezca y me devuelva un beso.
Realmente, me sentía pésima, pero el volvía a escribir, como si no tuviera otra cosa que hacer.
—No me dejes solo ahora, te necesito.
—¿Piensas que voy a estar detrás de ti, cuando no puedo estarlo de mí misma?
—No me digas que estás soltera, ¡joder! ya es la quinta vez en este año.
—No me hagas sentir peor de lo que estoy, ¿por qué no le pides ayuda a alguien que tenga mejores estados de ánimo?
—Sé que estás deprimida, pero si te desahogas conmigo, quizás podría darte algún que otro consejo.
—No tranquilo, estoy bien. No necesito ningún tipo de consejo, sólo quiero pensar más en mí.
—¿Hablas de construir una armadura en el corazón?
—Posiblemente.
—Me suena que quieres arriesgarte a estar sola, aunque sea por dos o tres meses.
—Sí te digo, que he vivido tantas decepciones como cualquier persona, la única diferencia, es que siempre me dañan a mí, creyendo que todos son distintos.
—Bueno en realidad, no todos somos así.
—Y sí es así, son muy difíciles de encontrar. Es que no valoran a esa muchacha que tienen bajo sus pies.
—Entiendo. No es fácil cuando caes en la trampa más bonita de estos tiempos. Al amor verdadero, hay que tenerle mucha paciencia; dicen que llegará cuando menos te lo esperes.
—Estoy segurísima de eso. Volverán a hacerme mucho daño otra vez.
—Escucha atentamente lo que estás diciendo.
—Me estoy escuchando idiota.
—Si tú permites que te lastimen es otro cuento.
—...Pero sí yo me amo a mí misma.
—Pero dejas que te engañen, que te controlen y que por sus irracionales celos tengas que estar en tu hogar, como si fuera el único lugar en dónde pudieses estar.
—Eso es cierto, pero yo también ponía reglas..
—¡MENTIROSA!, siempre salías con lágrimas en las llamadas nocturnas, ¿te acuerdas?
—¡ERA POR MIS DEFECTOS!
—¿Qué tiene que ver? hablamos de que siempre te acaban lastimando, y te andan diciendo crueles mentiras acerca de tu verdadero ser. Yo te conozco desde hace siglos, ¡Por Dios! lo que se pierden.
—Pero tienen razón, soy extremadamente intensa, y además a veces me comporto como una niña..
—Y tú tan estólida, les haces caso. Eso puedes controlarlo, pero no es malo; cuando eres intensa demuestras cierto modo interés, y cuando te comportas como una niña detrás de ellos también... O cuando una frase te hiere por ejemplo.
—¿Tu crees que puedo mejorar?
—Yo creo en ti. Eres mucho más que eso.
—Me siento mejor de algún modo.
—Me alegro mucho, además tienes que...
—¿Y para qué me necesitabas?
—Luego te cuento. Dime lo qué pasó con ese tal charlatán o como lo quieras llamar.
—No se lo digas a absolutamente nadie, no quiero estresarme más.
—Lo sé, guardaré mis palabras.
—Gracias. ¿Sonará algo raro, pero podríamos tomar un café más tarde?
—Me parece perfecto, es sábado. ¿A qué hora exactamente?
—Ocho y punto, en el cafetín de la avenida seis.
—Ya. Sígame contando narradora.
—Lo conocí un quince de noviembre de mil novecientos noventa y ocho, en el aeropuerto. Casualidad estudiaba conmigo en ese entonces; él estaba sentado a mi izquierda leyendo un libro antiguo, que por lo que pude ver en la portada, era una de mis sagas favoritas. Yo le pregunté si era fan, me respondió que sí con una timidez nada normal, aunque él siempre lo era. Yo siempre lanzaba esos temas de conversación, y sólo me respondía con una sonrisa y soltando una ligera risa. Thomas se dirigía a Bruselas y yo a Madrid. Eran como las nueve y media de la mañana y no parábamos de hablar, lastimosamente su vuelo se aproximaba, y al momento de despedirlo, nos abrazamos fuertemente, con la esperanza de que volveríamos a hablar. Eran vacaciones de verano, y pues había muchos que tomaban sus vacaciones por cuatro meses más o menos.
—¿Y volvieron a verse?
—Sí, pero después de tres largos meses. Yo tenía catorce años en ese entonces, y no habían roto mi corazón aún.
—Entiendo. ¿Cuántos años tenía él?
—Él era tres meses mayor que yo, nació en mi misma ciudad, el veintiséis de febrero de mil ochocientos ochenta y cuatro, y yo..
—Ya lo sé, el veintinueve de mayo.
—Eso es correcto.
—¿Y hablaban demasiado?
—Cómo no tienes la menor idea. Hablábamos hasta más de las cuatro de la madrugada por teléfono, nos enganchábamos muy fácil, teníamos muchos temas de conversación.
—Comprendo, uno siempre tiene sus amistades fuertes.
—Sí, pasó el tiempo, pero esta vez disminuyeron las llamadas a ser sólo simples mensajes de texto.
—¿Y eso?
—Pues, teníamos nuestras obligaciones y deberes, y siempre se la mantenía viajando.
—Yo recuerdo, que tú sólo viajabas en vacaciones de verano, cuando los demás o yo, íbamos a otras partes del mundo.
—Sí, yo recuerdo, muy bien. A mi no me gustaba tanto viajar, soy más de casa, y me gusta mucho leer.
—Lo sé, lo sé. ¿Y cuándo fue que empezó sus atracciones?
—Bueno, no me acuerdo en realidad. Creo que a comienzos de año.
—Mm, ya. ¿Y cómo fue?
—Fue el cuatro de febrero del año pasado. Yo estaba en su casa, haciendo un informe manuscrito acerca de la psicología. Teníamos dieciséis años en ese entonces. No sé qué pasó pero nos miramos por un momento y pensé: ¿por qué carajos me mira de sea manera?* ¿será que tengo una gran espinilla en el rostro? Sólo se quedó mirándome un rato más. Él me decía que me veía hermosa y bla, bla, bla. Empezó a ser muy cursi, y yo me sentía extraña, hasta me reía de él. Llegó un momento en el que cedí a ser cursi, porque cada vez se ponía más simpático. No nos besamos, pero él tenía ganas de hacerlo, se le reflejaba en su miradas, y cómo mordía sus labios.
—Sígame contando.
—No lo besé, obvio que no, pero él tenía ganas.
—¿Quién cedió primero?
—Jajaja, fui yo. Después de dos semanas, lo invité a comer dónde solíamos almorzar los domingos, y después de agradecerme, le dí un beso, y él, pues me siguió. Y cómo que no quería un beso forzado, creo que esperaba a que yo se lo diera, o que yo pudiera sentir algo por aquel muchacho...
—¿Y se hicieron pareja ese mismo día?
—No. Tuve que darme un tiempo, en ese entonces pasé muchas desilusiones. Aparte quería conocerlo mejor.
—Entonces, ¿cuánto tiempo lograste conocerlo verdaderamente?
—A finales de junio, diría yo.
—¿Y cómo hacían para salir, si las clases eran constantes?
—Bueno, los fines de semana, salíamos, siempre. Nuestro instituto fue muy estricto; de lunes a viernes, copiando tesis, y resolviendo ecuaciones de tercer grado.
—Sí lo sé, pero en ese momento estábamos en aulas distintas, y cada profesor guía era más exigente que otro.
—La nuestra que terrible. Mucho bla, bla, bla.
—¿Y no salían de lunes a viernes?, aunque sea para agarrar aire.
—Para nada. Estábamos muy pendientes de nuestros estudios.
—¿Cuando se hicieron pareja oficialmente?
—Qué yo recuerde, el catorce de septiembre de dos mil uno.
—Entiendo. ¿Y algo te molestaba en él cuando empezó este proceso?
—La verdad, sí. Era muy inseguro de sí mismo, eso me hizo quererlo más.
—¿Era inseguro por su físico?
—Sí, también por qué pasó por muchísimas desilusiones. Cuando conectamos.. Digo que él fue lo mejor que me ha pasado.
—¿A pesar de no ser perfectos?
—Aprendimos a valorar nuestros defectos y virtudes, éramos algo distintos. Pero nuestras metas eran las mismas, yo me ilusioné demasiado.
—¿Y valió la pena ilusionarse?
—Cada segundo.. Es triste, pero él valía la pena...
—No comiences a llorar..
—Es algo inevitable... Me siento la peor persona del mundo.
—¿Pero él no te había fallado?
—¡Contesta mujer!
—No me vas a mí como..
—Dime, sin rodeos, sigo esperando una explicación.
—Yo...
—No entiendo nada.. ¿No te habían vuelto a lastimar? Y decías que todos los hombres somos iguales..
—Tienes que entender lo que estoy a punto de decir.
—¿Entender qué?
—Lo traicione. Él me amó con todas sus fuerzas, hace siete meses pasó esto, y me siento decepcionada de mí misma.
—¿Qué carajos le hiciste?
—Él no tenía tiempo para mí a mediados de abril, estábamos más distantes; pensé que él ya no era el mismo, porque trabajaba en la relojería de sus padres.. Y pues..
—Te enamoraste de alguien más...
—Peor que eso, amigo mío.
—Ya me lo estoy imaginando.
—¡NO ME ACOSTÉ CON NADIE! Pero.. fue algo así..
—¿Cómo así?
—Bueno... Nos tocamos, llegó un punto en el que dije que estaba pecando, de verdad, no se me ocurrió en ese momento que tenía a un novio. Él parecía no existir más..
—¿CÓMO? ¿Pero él quién era?
—Su hermano mayor, era como tres mayor mayor que nosotros. Empecé a sentir atracción por él cuando lo conocí por primera vez.. me pareció muy diferente y único, y pues, en esos tiempos él s sentía muy mal por qué su novia había dejado Inglaterra, para mudarse a China.
—No lo puedo creer...
—Él es un hombre muy bueno, de lindos sentimientos, pero me dí cuenta que no era para mí, me sentía extraña, pero sentía un gran apego con él.. encendió la llama de pasión que sentía dentro de mí, algo oculto que no sabía que era exactamente..
—Pero, ¿Thomas supo que ustedes..?
—No, para nada. Fue muy inocente con eso.
—¿En qué momento hiciste eso?
—Un día en el que Thomas aparentemente, se fue a la casa de un amigo a jugar videojuegos, y entonces fue cuando Arthur me llamó, para que fuera de visita a su casa.
—Pregunta un tanto incómoda, ¿sentiste placer con él?
—Te soy sincera, y sí.. No era la primera vez que me tocaban, pero sentí, que esa parte de mí, volvió a salir a la luz. Sentí como lo disfrutaba; me hizo feliz por uno que otro momento..
—¿No te sientes indecente?
—Realmente no. Fue una experiencia, y de mis errores, aprendo de ellos.. Thomas fue el primero, luego su hermano... Pero en parte sí, él sólo gustaba de mí, pero no estaba enamorado, ni nada por el estilo.
—Entiendo… ¿Segura que algún chico más no te ha tocado?
—En realidad sí, pero yo era un poco inocente, pero nada fuera de lo normal, pequeños roces.
—¡Vaya..! Es realmente loco, no puedo creer que le hayas sido infiel por primera vez a alguien.
—Lo siento mucho...
—A mí no. ¿Y qué hay de él?
—Tengo que dejarlo ser feliz con alguien más. Porque yo no merezco nada, no merezco una oportunidad, porque estaba consciente de lo que hacía, pensaba que Thomas ya no le gustaba como antes y decidí probar otros labios…
—Amiga mía, tanto qué te falta por vivir...
—Y lo peor, él quiere todavía ser mi amigo.
—¿Thomas?
—Sí.. Me siento..
—Como otra más del montón.
—Correctas palabras compañero.
—No tengo más palabras al respecto. Haz cambiado mucho, querida.
—Sí. A veces siento que no soy yo.
—La chica que conocí antes ya no está, estás distinta... Tu actitud, tus humores, tu forma de pensar...
—Todos tienen que cambiar por algo, a mí me hicieron cambiar.
—Pero prométeme, que no dejarás de ser feliz, ni de sonreír cuando todo esté en la ruina...
—Lo siento, esa chica no existe más, ya no soy yo, pero quizás un día haré cumplir tus deseos.
—Estás tan deprimida, que no piensas en un futuro más adelante.
—Ese futuro que quería ya no lo tengo. Me esforcé para ser lo mejor versión.. y mírame.
—Puedes mejorar, yo que sí, tienes que escuchar...
—¡NO! esta vez me rindo. Seré alguien mucho más fuerte, y sí, te prometeré sonreír.
—...¿Te vas a rendir fácilmente? ¿Qué hay de ser feliz?
—Creo que es la mejor elección que puedo tomar, es un nuevo comienzo, no permitiré más heridas en el corazón. Al pasar del tiempo, sí, seré feliz algún día , con mi soledad, y mis ganas de disfrutar lo que queda del mundo.