Esos llamados ritos iniciáticos denotan una pobreza espiritual deplorable.
Hoy en día, y sin duda alguna, existe un número considerable de sectas ocultas, sociedades secretas, grupos pseudoiniciáticos, movimientos herméticos o neoespiritualistas, y otros por el estilo. La Sociedad Teosófica, la antroposofía, el neovedantismo, y el neo-budismo no son sino las expresiones más conocidas de un fenómeno cultural que tiene lugar en todo el mundo occidental. No se trata de un fenómeno nuevo.
El único movimiento “secreto” que exhibe una cierta consistencia ideológica, que ya cuenta con una historia y que disfruta de prestigio social y político es la francmasonería. El resto de las supuestas organizaciones son, en su mayor parte, recientes e improvisaciones híbridas y su interés es primordialmente sociológico y psicológico; ilustran la desorientación de una parte del mundo moderno, el deseo de hallar un sustituto de la fe religiosa. También ilustran la indómita inclinación hacia los misterios, lo oculto, el más allá…, una inclinación que es parte integral del ser humano y que puede hallarse en todas las épocas y en todos los niveles culturales.
No todas las organizaciones secretas, y esotéricas del mundo moderno incluyen ritos de entrada o ceremonias de iniciación. La iniciación suele reducirse a la instrucción obtenida de un libro (el número de libros y publicaciones iniciáticas que aparecen en el mundo es sorprendente). En cuanto a los grupos ocultistas que requieren de una iniciación formal, lo poco que se sabe de ellos demuestra que sus “ritos” son, o bien puras invenciones, o que están inspirados en ciertos libros que supuestamente contienen preciadas revelaciones concernientes a las iniciaciones de la antigüedad. Con frecuencia, esos llamados ritos iniciáticos denotan una pobreza espiritual deplorable. El hecho de que quienes los practican los consideren medios infalibles para alcanzar una gnosis suprema demuestra hasta qué punto el hombre moderno ha perdido todo sentido de lo que significa una iniciación tradicional. Pero el éxito de estas empresas también prueba una profunda necesidad humana de regeneración, de participación en la vida del espíritu. Desde un punto de vista, las sectas y grupos pseudoiniciáticos realizan una función positiva, ya que ayudan al hombre moderno a hallar un significado espiritual a su existencia drásticamente desacralizada. Un psicólogo podría incluso decir que la extremada falsedad de esos pretendidos ritos iniciáticos es de escasa importancia, ya que el hecho importante sería que la psique profunda del participante recupera un cierto equilibrio a través de ellos.
Los temas iniciáticos permanecen vivos sobre todo en el inconsciente del hombre moderno. Esa opinión viene confirmada no sólo por el simbolismo iniciático de ciertas creaciones artísticas -poemas, novelas, obras plásticas, películas-, sino también por su aceptación pública. Una aceptación tan masiva y espontánea demuestra, me parece a mí, que, en lo profundo de su ser, el hombre moderno sigue siendo capaz de dejarse impresionar por escenarios o mensajes iniciáticos. Es posible encontrar temas iniciáticos incluso en la terminología utilizada para interpretar dichas obras. Por ejemplo, tal o cual libro o película se diría que redescubre los mitos y pruebas del héroe en busca de la inmortalidad, que toca el misterio de la redención del mundo, para revelar los secretos de la regeneración a través de la mujer o el amor, y otras cosas por el estilo.
No resulta sorprendente que los críticos se muestren cada vez más atraídos por las implicaciones religiosas y, sobre todo, por el simbolismo iniciático de las obras literarias modernas. La literatura juega una parte importante en la civilización contemporánea. El mismo leer, como distracción y escape del presente histórico, constituye uno de los rasgos característicos del hombre moderno. Por ello no sólo es natural que el hombre moderno busque satisfacer sus necesidades religiosas suprimidas o inadecuadamente satisfechas, mediante la lectura de ciertos libros que, aunque en apariencia “seculares”, de hecho contienen ciertas figuras mitológicas camufladas como personajes contemporáneos y que ofrecen escenarios iniciáticos bajo la apariencia de sucesos cotidianos.