Me rodean las moscas y el calor
en esta humilde, pero gran habitación.
Haria lo que sea, hasta sin pudor,
por cualquier salida, de esta maldición.
Aburrimiento y soledad es lo que abunda
en este pobre y triste pueblo.
Mi casa, en donde el silencio redunda
y el polvo, cubre el blanco suelo.
El perro muerde la pelota,
el pájaro canta incesantemente
el viento pasa mientras flota
y yo aquí, casi como un demente.
Siento que cocinar ya no es lo mio,
y que cantar ya no tiene sentido
que hablar es algo inútil, valdio,
y disfrutar, algo remoto, frío.
FIN