Despreciables recuerdos
Ya casi era de noche, era jueves y estábamos sentados en una sala pequeña, mi pierna reposaba encima de la pierna de él.
Recuerdo que estaba viendo televisión, no veo mucha televisión, sin embargo, cuando se trata de ver animales, podría pasar todo el día detrás de una pantalla. Mi memoria no es muy buena recordando pequeños detalles, pero ¿no les pasa que cuando un acontecimiento es dramático lo recuerdan fácilmente? Bueno, eso es exactamente lo que le pasó a él, a mi esposo. No sé porque, pero recordó aquel terrible día.
De pronto me puso la mano encima de una pierna y estas fueron sus palabras:
"Yo tenía la inocencia intacta, pero claro, yo era un niño de 5 años. En ese momento no entendía bien lo que estaba pasando, pero estaba seguro de que no era nada bueno por la desesperación de mi mamá, ella lloraba y nos abrazaba. Son mínimos recuerdos, pero grandes torturadores, despreciables y amargos recuerdos de aquella fecha. Nos metieron en un cuarto y una imagen peculiar en mi mente no se me borró nunca, era la mano de uno de los asesinos empuñando una pistola, una imagen infernal."
Estiró los brazos hacía el frente y viéndose las manos expresó:
"Eran grandes manos, aterradoras." Y enseguida continuó:
"Yo tenía una tía religiosa, ella nos hablaba de que Dios es bueno y del diablo es malo y recuerdo que ese día, en algún momento dije en voz alta: ¿Dónde estás Dios? ¡Aparece, que el diablo se metió en mi casa! Y el tipo nos apuntaba y decía: ¡Cállense la boca! Imagínate amor, un niño de esa edad viviendo aquel pavoroso momento. No sé describir lo que sentía, era muy pequeño."
Hicimos contacto visual, yo quería, pero no podía decir nada, no soy muy expresiva y solo seguí escuchando:
"Lo peor llegó y de pronto sonaron unos disparos que me hicieron sobresaltar y llorar de terror, muchos gritos estruendosos me atormentaron y en unos segundos más aquellos miserables se habían llevado el dinero, pero eso era lo que menos valía, le arrebataron la vida a aquel hombre valiente que defendió a su esposa y sus tres hijos hasta el final."
Bajó la cabeza, sus expresiones dejaban leer su decepción y me siguió contando:
"Los días venideros fueron peores, extrañé a mi papá cada día, cada instante.
Lo extrañé cuando llegaba a la escuela y veía a otros padres llevando a sus hijos, lo extrañé cuando había un evento del día de los padres, cuando quería jugar béisbol, cuando mi mamá se envolvía en llantos por su ausencia, y a medida que crecía me hacía más falta. No fue nada fácil vivir sin mi papá, crecí incompleto y seguiré incompleto. Sueño con algún día volverlo a ver. Me esfuerzo por recordarlo, pero no lo puedo lograr, lo que llevo en la memoria son los sonidos de los disparos, la imagen de las armas, el miedo de aquella tarde y una ausencia insustituible."
Erguí la espalda y me acerqué a él, pasé mis brazos por encima de sus hombros. Nuestros cuerpos chocaron.
Con ese abrazo mi intención fue transmitirle toda mi compasión, y dejarle claro que no está solo.
Y finalmente le dije: "Te admiro por lo fuerte que has sido, te amo."
La imagen es un obsequio para mi esposo. Lo he dibujado siendo niño abrazado con su padre.
Deben saber que la publicación la he hecho después de haber tenido el permiso de mi esposo.
Acabas de leer la cuarta historia de mi autoría de la recopilación de "Microrelatos, historia de un venezolano".
Puedes leer las anteriores haciendo clic encima de los títulos:
Un encuentro a destiempo
Ilusiones difusas
Casa por hambre
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Saludos y gracias por leerme.