Feliz vida, estimados seguidores y amigos que cordialmente me visitan. Continuando con mis momentos de inspiración, escribí para ustedes otro poema. Estas letras fueron inspiradas, en una situación que en cualquier momento de la vida se puede experimentar.
Dedicado a todas aquellas personas que han tenido que despedir a un gran amor.
Divina mujer
acompañada de frescas flores, que parecían flotar.
En aquel frío y silencioso lugar,
se dejaban oír lentamente los pasos de un hombre
sobre el mármol frío al caminar.
A lo lejos se veía la larga cabellera
color oro de la hermosa mujer,
con labios divinos color jazmín,
sus manos frías e inertes están,
como a la espera de calor y abrigo
de un amante que llegara a brindarles cobijo.
Aquel hombre al mirar el rostro pálido, yacente y frío
de la impávida mujer, dejó salir de su garganta
un grito silencioso y pronunció ¡oh Dios mío!
Con sus manos temblorosas,
abrió las puertas de la caja de cristal,
aquel hombre triste y con sollozos era su papá.
Con él, sus hermanos y su querida mamá,
en sus manos sostenían ramos de flores que parecían brillar
Pasadas algunas horas llegó al lugar Fernando,
con un nudo en la garganta y lágrimas de dolor
besó las delicadas mejillas de su divina mujer
y susurró al oído bellas palabras de amor.
Todos los presentes, suspiraban con compasión.
Inerte espera la divina mujer a su hora final,
el tiempo pasa lento y pareciera no llegar.
El padre con elegante smoking, toma la caja de cristal,
acompañado de sus hijos empiezan a caminar,
paso a paso las lágrimas comienzan a brotar,
la divina mujer debe ir a volar.
Hoy debo despedirte hija de mi corazón,
yo debí haberme muerto y no tu mi amor.
¡Divina mujer! Tu tiempo llegó,
tu madre, hermanos y tu amor,
estamos contigo para decirte adiós.