Ha quedado demasiado claro
que creo en los «siempre»,
en los «para» que lo preceden
y en los abrazos
como remedio para corazones rotos.
Te he creído demasiado,
presente o no;
en las segundas,
terceras,
y todas las oportunidades
que has requerido.
Sin dudarlo te las doy.
Cada vez
más temerosa que la anterior.
Pero así soy,
así somos,
yo queriéndote,
de a poquito,
un poco más.
Y tú de a mucho,
cada vez menos.
Creyéndote,
me miento.
No es posible,
que a mi lado te quedes.
Aun así,
me lo creo.
Ingenua,
como una niña ansiosa
que en su salita espera
lo que en la carta
le pidió al niño Dios.
Pero sus padres
no tenían el suficiente presupuesto
y le entregaron una muñeca de trapo.