Al atardecer, a pesar de la distancia
te siento muy cerca de mí
mirando los últimos rayos de sol
y deseando tenerte a mí lado
para verte sonreír.
Al atardecer,
siento la brisa acariciar mi piel
y un sentimiento invade todo
mi ser de sólo imaginar
que si estuvieras junto a mí
en tus brazos quisiera desvanecer.
Al atardecer son tantas las cosas
que por mi mente no dejan de pasar
que quisiera poder tenerte muy cerca
y todas podértelas contar.
Al atardecer su mágica luz
ilumina cada día un camino
aunque no veo su fin,
me dejaría llevar por él
para sentir plenamente su destino.
Al atardecer quisiera por tú dejarme llevar
a un lugar donde el amor brille más y más
donde ver la vida pasar
y con ella aprenderte a disfrutar.
Al atardecer cada día brillas
un poco más cierro los ojos.
Me dejo llevar por mi imaginación
y un sinfín de alegrías y sentimientos
dejan repleto a mi corazón.
Al atardecer espero en cada lugar
que sin más y de repente
frente a mí te pueda encontrar.
Al atardecer mi corazón palpita más y
más como si sintiera tu proximidad
pero sé que un día abriré los ojos
y frente a mí tú estarás.
Al atardecer mira el horizonte cada día
porque ahí estaré yo también mirándolo
pensándote esperando el día
que juntos podamos contemplarlo
y contarnos todo aquello
que no dejamos de sentir.
Mientras tramonta el sol, atribulándonos
con su retractación, con su renuncia,
espolvorea en rezagada luz
nuestra amada ciudad,
ciudad ya madre.
En esa luz caduca que atardece,
hay una inspiración de permanencia,
la añadidura humana
de quienes, en la luz, nos alumbramos,
de quienes, por la luz,
nos erguimos con fe hasta nuestra forma.
En el. halo ambarino petrifican
los muros de las casas donde el hombre
se guarece del hombre y se conviene,
y se educa en ser hombre y su trabajo:
salir de su guarida a ser feliz
y hacer mejor el mundo de los hombres.
En las fachadas vivas hay ventanas,
y tras de las ventanas alguien vive,
alguien bebe de paz todo el paisaje,
alguien lee de amor todo el espacio.
Una viga en su fiel nos testimonia,
cualquier puerta nos da la expectativa,
toda escalera asciende a nuestro encuentro.
Esta ciudad habita el horizonte.
En pos de la salud, contra el desastre.
En contra del dolor, a imagen nuestra.
En la casa del hombre, al fin en casa.
“Atardecer”
En los largos atardeceres del verano, subíamos a la azotea. Sobre los ladrillos cubiertos de verdín,entre las barandas y paredones escalados, allá en un rincón, estaba el jazminero, con sus ramas oscuras cubiertas de menudas corolas blancas, junto a la enredadera que a esa hora abría sus campanillas azules.
El sol poniente encendía apenas con toques de oro y carmín los bordes de unos frágiles nubes blancas que descansaban sobre el horizontede los tejados. Caprichoso, con formas irregulares, se perfilaba el panorama de arcos, galerías y terrazas: blanco laberinto manchado aquí o allá de colores puros, y donde a veces una cuerda de ropa tendida flotaba henchida por el aire con una insinuación marina.
Poco a poco la copa del cielo se iba llenando de un azul oscuro. por el que nadaban, tal copos de nieve, las estrellas. De codos en la barandilla. era grato sentir la caricia de la brisa. Y el perfume de la dama de noche, que comenzaba a despertar su denso aroma nocturno, llegaba turbador, como el deseo que emana de un cuerpo joven, próximo en la tiniebla estival.
Luis Cernuda
Constantino Cavafis
Con todo no podía eso durar mucho. La experiencia
de los años me lo muestra. Pero sin embargo un tanto abruptamente
vino el Destino y lo detuvo.
Breve fue la hermosa vida.
Mas cuán intensos fueron los perfumes,
en qué maravillosos lechos nos acostamos,
a qué placer nuestros cuerpos entregamos.
Un eco de los días del placer,
un eco de aquellos días vino hasta mí,
algo del ardor de nuestra juventud;
volví a tomar en mis manos una carta,
y leía una y otra vez hasta que me faltó la luz.
Y salí al balcón melancólicamente –
salí para cambiar de pensamientos mirando al menos
un poco de la ciudad amada,
un poco del movimiento de la calle y los negocios.
ATARDECER EN LA PLAYA
Y el inmenso cielo se tornó color naranja
tiñendo de violetas y rosas sus nubes blancas
entonces el viento encontró la ansiada calma
aplacando las olas, andarinas hijas del agua.
De a poco la arena su silueta enfriaba
esbeltas palmeras sin sombras dormitaban
y en el firmamento el sol apenas susurraba
al sumergirse en su refrescante cama,
añejos arrullos de cuna y encantadoras nanas.
En frente la luna como diva acicalaba
con polvos de corales su afamada cara
vestida de perlas, la esplendorosa dama
su belleza en el cristal del mar reflejaba.
Con la cúpula ya oscura tímidas destellaban
las primeras estrellas, muy alborotadas
y desde un rincón, soberbio lucero las miraba
riéndose de ellas con toda su alma
buscando complicidad en las etéreas hadas.
| Todas las fotos fueron tomadas por mi teléfono Samsung galaxy S5 |
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