Empecé a dejar de creer cuando redujimos la comida.
Empecé a dejar de creer cuando tuve que despedir personas (en aeropuertos y hospitales).
Empecé a dejar de creer cuando no pude seguir haciendo lo que me gusta.
Volví a creer cuando, en pasantías, un niño me abrazó.
Empecé a dejar de creer cuando me sentí mal por comprar un dulce.
Empecé a dejar de creer cuando me decepcioné de muchos venezolanos.
Empecé a dejar de creer cuando la universidad se volvía un imposible.
Volví a creer cuando me tendieron una mano amiga.
Volví a creer porque en el camino he conocido personas, que me ayudan, que me alegran la vida.
Volví a creer porque he visto (con cierta regularidad) el azul de mi mar caribe y lo verde de mis montañas.
Volví a creer porque, entre tanto, me considero bendecida (salud, familia, amigos... infinitamente bendecida).
Me da miedo que un día los "volví" no sean suficientes.
Y los "empecé a dejar" se conviertan en "dejé".
Muchos han dejado ya, de creer.
Quiero ser de las personas que ven un arcoíris entre las lágrimas.
Quiero ser de las personas que creen en las hadas.