Desde que el hombre y la mujer existen, existen los nombres. El nombre dice mucho de nosotros y de quienes nos lo han puesto, también de la sociedad, sus modas, historia y evolución.
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El nombre es nuestra primera seña de identidad, aquello que nos identifica. El apellido es algo relativamente nuevo, y en algunas culturas no existía casi hasta la contemporaneidad, pero el nombre está ahí desde la prehistoria, aunque poco sepamos de él.
Vamos a dar un breve paseo por algunas tradiciones:
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En la tradición judía se da mucha importancia a los nombres, ya que no sólo sirven como un método de identificación, sino también como una conexión espiritual entre el nombre y la persona que lo lleva.
En la tradición china el nombre de los hijos era escogido por los padres, y según la antigua costumbre debían ponérselo durante sus tres primeros meses de vida. Cuando los chicos cumplían 20 años y las chicas 15, se realizaba una ceremonia de paso a la madurez en la que escogían el nombre de cortesía. Todos eran gente que había recibido una buena educación y tenía un estatus elevado.
En África, elegir un nombre es una tarea precisa, laboriosa y crucial, pues se cree que un nombre bien elegido otorga buena suerte al recién nacido, mientras que un nombre mal escogido puede ser nefasto para la trayectoria futura de la persona. Para un africano, el nombre determina sus raíces, sus costumbres y su carácter.
El calendario en otras épocas fue el instrumento por el cual adquiríamos nuestros nombres, y causaba la mismas expectativas y nervios que ganarse la lotería, algunos salian favorecidos y a otros solo les quedaba la resignación.
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En la actualidad:
Para la gran mayoría de los padres contínua siendo un tema muy importante la elección del nombre de sus hijos, otros lo toman más con ligereza a modo de un juego de letras y combinaciones de nombres familiares, y están aquellos padres que quieren ser el centro de atracción y eligen nombres para sus hijos bastantes raros y excéntricos.
La enorme importancia de no tomar una decisión precipitada.
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El nombre acompañará a un ser humano durante toda su vida y será, además, la palabra que más recurrentemente escucharemos, dado que en todas partes nos llamarán por nuestro nombre, al menos eso es lo deseable.
La importancia de un nombre propio es tal, que de él depende, en gran media, el que nuestros hijos no sean objeto de burlas o señalamientos degradantes durante toda su vida.
¿Remordimientos?
Las historias sobre nombres de bebé no siempre acaban bien. El 6% de los padres confiesan que, si pudieran darle marcha atrás al tiempo, elegirían otro nombre para sus hijos.
¿Y qué causa estos remordimientos? En algunos casos, se dieron cuenta después de que el nombre era muy común. ¡A nadie la hace gracia que 4 compañeritos de la clase de su hijo se llamen igual que él! En otros casos, el nombre resultó demasiado difícil de pronunciar o escribir.
Y varias mamás se quejan de que le pusieron al bebé un nombre que no les gustaba, por presión del papá o de la familia, ¡y les sigue sin gustar!
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Ahora me gustaría que me respondieras:
Cómo fue la elección de tu nombre?
Seguirías la tradición escogida por tus padres para elegir nombres?
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