Estimados amigos, otra semana entre nosotros ¡A pasarla bien! Como siempre sus post y comentarios son bienvenidos
Pintar la historia de un árbol de tamarindo, emblemático, ubicado en un punto estratégico del centro de la ciudad de Cumaná, que en buena fecha lo llamaron “Tamarindo Cuatricentenario”, fue todo un reto. Este lugar de encuentro lo he recreado en diferentes momentos; utilizando las técnicas de la serigrafía, el acrílico, dibujo y técnica mixta. Este post muestra las dos primeras estampas de seis variantes.
Fuente
Tamarindo durante el día. Serigrafía, edición/200 ejemplares. 50 x30 cm. Antolina Martell. 1992.
La mañana es propicia para vocear noticias. A su alrededor ofrecen servicios los albañiles, caleteros y jornaleros; ventas de comida rápida y frutas.
Este anciano de ramitas verdes aún “torea” a transeúntes y automóviles, que se acercan al centro de la ciudad desde el Municipio Montes; los de la avenida Bermúdez, la calle Comercio y la plaza Miranda.
Para salvar este escuálido árbol de tamarindo de la organización vial de la ciudad, sometieron sus raíces a una jardinera con asiento, ubicada dentro de una angosta plaza que lleva un busto del héroe Pedro Elías Aristeguieta (Cumaná 1892-1929). Al decir del ensayista Humberto Tejera (1890-1971): “Pedro Elías luchó como los óptimos. Tomó a sangre y fuego Cumaná, su ciudad natal, que lo colmó de bendiciones. Enterró allí con honores al general Román Delgado Chalbaud y a los demás compañeros que perecieron horas antes de atacar –unos 70 hombres- a una ciudad bien artillada y defendida; pero todos los heroísmos fueron inútiles. La hora de Venezuela no había sonado todavía…”
Cuando se le colocó el nombre de Tamarindo Cuatricentenario en la jardinera que lo protege, el cronista olvidó investigar el libro Árboles Frutales de Fernando Hoyos, donde reseña: el tamarindo fue introducido en América en 1760, y citando a Caulín señala: “en cualquier parte de esa provincia se da el árbol TAMINDO cuya original vino de África y de la India oriental, de donde lo llevaron los portugueses a Brasil, y los españoles de las islas Filipinas a la Nueva España”. Hoyos lo cataloga así: "El nombre científico del Tamarindo viene del árabe vulgar Támarhíndi, dátil indio o de la India, el nombre específico de Indica hace también alusión a la India."
Bien, si sacamos bien la cuenta apenas tenemos los venezolanos unos 200 años aguándonos la boca con su agridulce fruta.
Fuente
El Tamarindo al caer la tarde. Acrílico sobre tela. 50 x 30 cm. 1991. Antolina Martell.
El Tamarindo durante la noche destina cobijo a otros asuntos. Hombres y pájaros, al entrar la noche, le cuentan a este notable árbol sus aventuras. Ellos saben valorar la providencia.
Este tamarindo, hidratado desde sus profundas y ancianas raíces por el generoso río Manzanares, ha sido testigo del ir y el venir de las arbitrariedades cometidas a esta ciudad. Milagrosamente ileso justifica su existencia como un oasis. Los personajes que a diario forman parte del paisaje urbano logran darle una connotación emotiva al sector, eternizando a una Cumaná provinciana.
Quiero despedirme con un poema de Julio Zerpa (1910-1983), conocedor de estos rincones de encuentros.
Sé donde darte el beso
Por no ir a tu reencuentro
siempre me encuentro contigo
sin que nadie sea testigo
de lo que llevo por dentro.
De la periferia al centro
te voy rodeando el talle,
casa a casa, calle a calle,
y se donde darte el beso
con amor y sin exceso
para que el beso no falle.