Me encantan las playas de mi país.
Amo sentir el sol tostando mi piel, amo la brisa salada batiendo mi cabello, amo el agua del mar refrescando mi espíritu, llevándose todas mis preocupaciones, amo el sonido de las olas llegando a la orilla.
Uno de mis grandes sueños es tener una casa cerca del mar, para poder apreciar el paisaje playero cada día que quiera.
Tal vez el amor que siento por el mar es una conducto aprendida por vivir mi niñez en Lechería en el Edo. Anzoategui, en una casa que quedaba a unas 4 o 5 cuadras de Playa Lido.
Recuerdo que todas las tardes al llegar del colegio y reposar el almuerzo, nos íbamos, mis 2 hermanas y yo, junto a mi mamá, a caminar toda la costa. Caminábamos desde playa liso hasta el C. C. Caribean Mall.
Nos quitabamos los zapatos y dejábamos que nuestros dedos tocaran la arena tibia por el sol, jugábamos y reíamos de las anécdotas del día, comíamos helado para recargar energías antes del regreso y veíamos el hermoso atardecer que nos regalaban, solo para nosotras 4.