Saludos #steemados amigos y amigas:
Hoy les entrego otro #cuento que nació en dos partes, primero como un #microcuento y ahora tratando de hacer una #historia un poco mas extensa se le agregó algo mas de trama... el primer intento que tengo con este tipo de ejercicios literarios lo hice con el cuento: Néctar de alborada.
El microcuento está resaltado al final para que puedan hacer sus comentarios si así lo desean.
Fe de errata
Por: Arturo Pérez Arteaga :.
Cada tarde era igual, Efraín al terminar su intensa jornada con la camiseta llena de sudor, oliendo prado y ganado vacuno se dirigía a la única bodega del pueblo a disfrutar de su vicio.
Le pedía a Norah que le sirviera un café recién coladito del que sólo ella sabía preparar en ese pueblo olvidado de Dios, se sentaba en un taburete frente al mostrador y pasaba horas conversando con la chica.
Hablaban de todo un poco de cómo había estado su día, de lo dura que está la situación para llevar el sustento a la casa y de manera ritualista, ya con el último trago de café frio, Efraín le contaba de sus planes y de todo lo que haría para alcanzar lo requerido y así poder llevársela de aquel lugar, para que le prepare el café, pero en la cocina de la casa que le prometió compraría para ambos.
Una casita modesta de obrero , pero eso sí, cuidada con mucho cariño. Ese nido soñado por Efraín incluía a sus pichoncitos, cuatro niños que decía debían tener para demostrar a todo el mundo su amor.
Norah, siempre sonrojada y con una sonrisa retiraba la taza de café, miraba el fondo, donde quedaba el poso y divertida le decía que así sería, que el destino le sonreía. Lo que Efraín no sabía era que no se trataba sólo de una esperanza vana y mutua adornada por las ganas que se tenían ambos, sino que Norah había heredado la facultad de ver el futuro en el fondo de los pocillos de café. Una facultad algo extraña que venía pasando de madre a hija y que era mantenida como se mantiene una joya que ha estado en la familia por generaciones.
Lo único extraño que se podría describir de aquella tarde es que al llegar a la fase de los planes futuros, Norah retiró y miró en el fondo de la taza y de inmediato, sin decir ni una palabra asumió una actitud muy seria.
¿Nunca sabremos qué vio Norah en el poso del café servido a Efraín?, sólo pudimos ver que de inmediato y en la misma taza echó agua y la empleó para prepararle una segunda ración, a ver si así el destino se encargaba de corregir lo previamente dispuesto.
-APA-
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