Saludos #steemados amigos y amigas:
La historia que estoy a punto de narrar es totalmente sacada de la imaginación y cualquier parecido con la realidad circundante es una total y absoluta coincidencia.
Historia de un aprendiz
Por: Arturo Pérez Arteaga:.
Era un hombre honrado, recto como una flecha y con un espíritu gregario, condiciones estas que le llevaron a tocar las puertas de una institución como la masonería. No fueron pocos los esfuerzos para poder ser aceptado en tan noble institución, pero lo logró.
Una vez dentro, se sentía importante al ser parte de una organización tan prestigiosa y antigua y no podía aguardar el comenzar a aprender todo lo que necesitaría para poder alcanzar la dignidad de ser llamado un masón, con todas sus letras.
Luego de su iniciación, que dicho sea de paso, no entendió muy bien, en lugar de comenzar la instrucción, lo invitaron a una fiesta donde lo que sobró fue el licor. Pudo observar como muchos de los presentes abusaban del trago y terminaron en condiciones deplorables. Hasta el secretario, ese viejito que lo había tratado con tanta circunspección, producto de la borrachera se orinó los pantalones y debió ser retirado a rastras por otros queridos hermanos que no estaban tan ebrios. Al aprendiz, no le quedó otra cosa que pensar que eso se trataba de una prueba para medir su templanza.
El tiempo siguió su curso y el aprendiz de nuestra historia decidió seguir siendo autodidacta, porque quien supuestamente había sido asignado para ser su tutor ni siquiera le hablaba, apenas le saludaba antes de cada reunión. Se mantenía entonces en la creencia de que la prueba continuaba.
Las fiestas y reuniones sociales se multiplicaban y tras cada reunión logial las ofrendas al dios Baco eran la regla, otras borracheras, hermanos haciendo el ridículo, incluso en alguna ocasión un Querido Hermano al que llamaba ilustre y poderoso se apareció con una señora que no era su esposa y pasó toda la noche muy acaramelado con ella.
El aprendiz seguía comparando todo lo sublime y grandioso que le ofrecía la masonería en sus extensas lecturas, con todo lo bajo y vergonzoso que le ofrecían muchos de los masones que conocía y concluyó que se trataba de un método de enseñanza bastante peculiar, extraño por demás.
Una noche, previo a una reunión, se sintió en confianza de comentar sus inquietudes con uno de los hermanos de mayor edad y su sorpresa fue muy grande cuando a los pocos días se le puso entre columnas para ser reprendido. Al no entender las razones de la reprimenda sólo dijo la verdad, esa que venía observando desde su iniciación, cosa que no le gustó a quienes eran sus maestros, incluyendo al secretario, ese que una vez se orinó en los pantalones.
A los pocos días se le llevó a juicio y por ser un hombre honrado, recto como una flecha, sostuvo su posición. Al poco tiempo se dio a conocer la decisión del tribunal disciplinario. El aprendiz fue expulsado por haber faltado a las leyes que rigen la conducta de los masones que le rodeaban.
-APA-

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