Saludos #steemados amigos y amigas:
A continuación la segunda y última parte de esta historia.
Aquí pueden leer la primera parte: ¿Que hora es?. Parte I
Sea lo que fuere, lo que parecía una medida espléndida se convirtió en una catástrofe…
¿Que hora es?. Parte II
Por: Arturo Pérez Arteaga:.
Por alguna razón la actualización automática falló y al otro día, en el pueblo teníamos tres horas diferentes: la original, la nueva y otra que resultó de intentar corregir el problema que se presentó al no actualizar a todos por igual. Para aumentar el caos, se intentaron revertir los cambios y esto generó otras actualizaciones disparejas y cuando pudimos notarlo eran varias decenas de horas diferentes que iban desde minutos hasta todo un medio día.
La gente intentó configurar sus teléfonos de forma manual, en base a su observación de la naturaleza, pero para esos días, la lluvia no cesaba, lo que le sumaba otro inconveniente al problema porque el pueblo siempre estaba nublado.
Empezamos a llegar tarde a nuestros trabajos y nuestros relajos, se nos pasaron los horarios de atención y de distracción, de citas y de visitas, de comida y de bebida y en todo ese caos nos invadió una desesperación que nos sumió en una especie de catatonia generalizada, no nos atrevimos a hacer nada por temor a hacerlo a destiempo.
La semana pasada, de manera bastante misteriosa vino a vernos mi vecina y nos dijo en voz muy baja, casi susurrando, que ella podría tener la solución al problema. Su abuelo tenía un antiguo reloj de cuerda que nunca había dejado de utilizar porque era enemigo de las nuevas tecnologías y por eso nunca quiso comprar un teléfono celular.
Cuando le pregunté por qué susurraba, me dijo en voz aún más baja que ella tenía la sospecha de que lo que ocurría no se trataba de ningún error o problema técnico, sino de algún tipo de conspiración para sumirnos en el caos y que por esto pensaba que su vida y la de su abuelo corrían peligro.
Al no creerle el cuento de la conspiración, la insté a que fuese a la alcaldía y planteara la solución, que dijera que ella conocía la hora y se convertiría en nuestra nueva heroína, en la salvadora de nuestro pueblo.
Sus ojos brillaron y se fue de casa emocionada, envalentonada para hacer lo que le sugerí. De eso han pasado ya cinco días y de mi vecina no hemos vuelto a saber más.
APA:.

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