Atrapando cometas,
disipando brumas,
voy surcando los mares
de tu cuerpo infinito.
Son tus ansias el faro
que en las noches me guía,
y tu alma es la estrella
que orienta mi rumbo.
Embriagado de aromas
a caracolas y arena,
voy minando tu cuerpo
con caricias tiernas.
Al compás de mis manos
resurgen tus gemidos:
embrujo de sirena,
sutil canto marino.
Esencia de alga fresca
es la savia de tus senos,
y tu boca es tibio vino
que aviva mis deseos.
En tu cálido vientre,
ardor de mediodía,
cultivo la simiente
de mi dulce travesía.
Al ritmo de tus olas,
plácido navego.
No me espanta el naufragio,
sin reservas me entrego.
Araucano