No quiero saber,
el momento exacto en el que mi mirada dejó de causar efecto en ti.
No quiero saber,
cuando fue que mi presencia dejó de cautivarte.
No quiero saber,
sobre la amargura densa que envolvía tu pecho
cuando mis manos te tocaban.
No quiero saber,
acerca de tu nueva musa.
Ni de nuevas manos que te acaricien.