Sin importar lo que pienses que quieres hacer, sin importar cuánto de ti quieras vertir en un proyecto, y la gran expectativa que te hagas con cualquier cosa...
Está bien tener miedo.
Toda mi vida he tenido este problema. Se me viene a la cabeza una idea que considero grandiosa, me lleno de entusiasmo porque mi idea me encanta y me parece que materializarla será fácil y de gran provecho. A esa idea le agrego luego un sin fin de peros, un montón de peso que hace que poco a poco se vuelva imposible de abordar y que se me salga de control. Y me vence el miedo...
Durante mucho tiempo que he hecho introspección para saber cómo puedo derrotar a mis demonios y entonces así, comenzar a realizar esas cosas que deseo hacer fervientemente. Pero ha sido inútil porque el miedo no va a desaparecer, por más que insista en ello.
Somos humanos y no podemos escapar de lo que nos hace ser lo que somos. Podemos actuar sin reservas, y retarnos a ampliar el espectro de nuestro entorno mental para así romper los límites que nos hemos establecido. Pero eso siempre nos dará temor.
Dicen que el temor es lo contrario al amor, y no el odio, como se suele creer.
El temor distorsiona al alma. Puede ser el agente de detrimento de esa y otras cosas de nuestro entorno personal, y el fin de las dinámicas sanas en nuestro funcionamiento social.
¡Seamos conscientes de lo mucho que podemos temer pero no cedamos ante ello, evoquemos desde lo más profundo de nuestros corazones la fuerza oculta con la que estamos dotados para triunfar!
Tengamos una perspectiva y un accionar más proactivos y convirtámonos en portadores de una frecuencia o vibración más positiva, para hallar la paz que necesitamos para crear lo que nos hemos propuesto y para inspirar a otros a que hagan lo mismo.
Y con eso, me despido (Por ahora).
Arch