Cavilando en ti, nada más que en ti.
Me disoluto en el contorno de tus labios tono carmesí,
esto que transita por mi piel; es un espasmo dañino
que carcome internamente las emociones, consiguiendo
que colisione con la misma expresión que desnuda mi alma,
para cobijar la tuya en total mudez.
Tácitamente, gozo ser:
el monigote que no siente
el vacío enorme
de un corazón desfallecido,
cuál vacío enorme
coexiste y se enamoró
de un embrollo insensato.
Confuso ¿cierto?
No voy a negarlo,
jamás me ha correspondido,
por eso esbozo su mirada
en un escrito que no habla,
y garabateo en esta hoja
que continúa limpia.
Iluso ¿cierto?
Probablemente lo sé, probablemente ¿te ...?
Pero la duda me envuelve, demuele mi frágil realidad
reteniendo expectativas paradójicas;
en las cuales percibo las palpitaciones del corazón
que me trasmiten sus quejas, logrando concluir
que soy idiota de jornada completa.