Quien mira el mar, siempre lo mira por primera vez
Borges
Mi habitat es marino.
Vivo en tierra firme por necesidad o falta de pan.
Vivo en una ciudad sembrada al borde de un gran cuerpo de agua, antes dulce, ahora salobre, contaminado, olvidado, pero igualmente majestuoso, dotado de una energía que influye en mis estados anímicos.
Vivo en una ciudad costera que antes vivió en plena comunión con su Lago, una ciudad que amo, con defectos y virtudes, de la que a veces salgo buscando el mar, para reencontrarme con mi elemento natural, donde soy feliz, donde soy, sin más.
Es una conexión antigua, difícil de explicar. Es mi lugar originario, primitivo; ofrenda y descubrimiento.
El mar me habita y lo habito desde siempre y sin final, con sus paisajes cambiantes de indecible belleza, que nunca me cansare de admirar y añorar.
A veces siento como si me llamara desde una ráfaga salobre que nadie más percibe.
El mar siempre, como conducto y reducto indomable de vida e inspiración.
A veces
reencarno gaviota.
(Micropoema)
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