SOPLA EL VIENTO
Cuando un ciclo comienza
hay otro que termina,
uno se va lleno de recuerdos
y el que llega,
cargado de esperanzas y expectativas.
Es en la transición, donde desfallecemos,
donde nos vemos como pájaros sin nido,
creemos volar sin tener rumbo fijo,
y todo se hace inconsistente,
inatrapable e incoherente.
Tensas calmas se sobrevienen,
se comienza a alborotar el mar tranquilo,
es más grande que el arroyo de un río,
más doloroso que el corte de la espada con filo.
Pero el viento sopla,
acaricia desapercibido nuestro ser,
y va tejiendo hilos de fe, de segundo a minuto,
de cara al futuro,
y el sol uno a uno nos va mostrando sus brillos,
se disipan los caminos, se van abriendo los ciclos.
Y se presenta el libre albedrío,
se despiertan los instintos,
como por arte mágico, insoluble y divino,
se presenta entonces, reverente el destino,
y te da la mano para que bailes
al compás de su ritmo.
Se cierra un ciclo, se abre otro,
lleno de experiencias e ilusiones,
se comienza a aprender
que lo que atrás dejamos, fueron evoluciones;
y por fin ante tanta inconsistencia,
comenzamos a transitar de nuevo
sobre hilos delgados,
y en cada paso que damos
vamos dejando legado,
con sonrisas, abrazos y aplausos regados.
Y así la vida Dios nos la presenta: Paz, incertidumbre y tormenta,
un subir y bajar de la montaña,
una angustia y luego la calma, una alegría, una tristeza,
un abrazo, un rechazo, todo hace el conjunto
para edificar nuestra escalera al cielo,
llena de aprendizaje e inagotable belleza.
María Lorena Carrero.
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