Hay un dicho popular que a través del tiempo se ha afianzado: "todo tiempo pasado fue mejor”. Parece un completo acierto: el presente es contradictorio, unos viven en abundancia, otros en escasez o en pobreza extrema. La guerra, el egoísmo, falta de principios, de paz y pare de contar, es la triste realidad del día
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“Los buenos viejos tiempos”, ¡que engaño! Nada que ver con esos maravillosos tiempos que imaginamos y anhelamos. La reflexión de hoy no es un mito, es una terrible realidad: un aspecto de la salud en la ciudad de Nueva York del siglo XIX.
Presentamos el promedio de vida en Nueva York en ese siglo. "En 1800, 32 años; 41 en 1850; 50 en 1900; y 67 en 1950. Hoy, la esperanza de vida en USA, es de unos 80 años en las mujeres, y un poco menos en los hombres". ¿Cuál es la razón para este cambio? sencillo: en nuestros días existen mejores hábitos de salud, de higiene y superior atención médica.
Los habitantes de esa ciudad, tenían unos hábitos de salud terribles. Los ricos comían grandes cantidades de comida rápidamente, y casi todo lo que ingerían era poco saludable; los alimentos buenos eran consumidos en malas condiciones, debido a la pésima higiene y falta de refrigeración”. Los frutos y las verduras eran evitados por muchos, ya que creían que eran los causantes de la epidemia mortal del cólera de 1032, y por ende las consideraban especialmente dañinas para los niños.
El baño era un factor importante, la mayoría casi nunca se bañaba; algunas autoridades decían que "el estadounidense promedio de la década de 1830, nunca se bañó en toda su vida". En 1872, hubo una promoción especial, la cual recomendaba a las “personas sanas” bañarse al menos dos veces por semana. Esto era un movimiento vanguardista en el aspecto del cuidado de la salud personal.
Nadie que viva en este siglo de avances increíbles, tiene la menor idea de lo insalubre que era la vida en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. (Evaluémosle a la luz de los tiempos de ignorancia, enfermedad y muerte en los cuales vivían). Como ya se mencionó, la precaria salud que tenían los hombre y mujeres se debía a la falta de higiene. Era de tal magnitud ese problema, que incluso los hogares de la clase media y alta de mediados del siglo, tenían letrinas al aire libre con la consiguiente contaminación del medio ambiente. En 1995, las filtraciones del agua de las letrinas hacia los pozos de agua potable, hacía que ésta tuviese condiciones bacteriológicas por demás interesantes.
La basura era algo que a no ser por lo terrible, causaría risa. No existía ningún sistema de procesamiento. La mayoría terminaba en las calles (cualquier parecido es mera coincidencia). Los cerdos, gordos y lustrosos (como diríamos acá en nuestro argot tan especial: gozaban “un puyero”), corriendo libremente para hozarla. En la década de 1840, cientos de cerdos sin supervisión, tenían plena libertad de ir de un lado a otro de la ciudad, con el fin de ocuparse de tan “agradable problema para ellos”.
Los caballos, también protagonistas, aumentaban la gravedad del problema. En temporada de lluvia, estos animales depositaban sus excrementos en las calles y espacios públicos de la ciudad, que al llover se llenaban de agua y rezumaban, produciendo charcos en las calles no pavimentadas; y cuando en el verano el clima se volvía extremadamente seco, los excrementos se reducían a un polvo muy "saborizado", el cual al ser arrastrado por el viento volaba por todas partes. “En 1900, los caballos depositaban más de 1000 toneladas de estiércol y 227.00 litros de orina".
Como un paréntesis en el tema y haciendo un paralelismo entre la realidad de Maracay, y la tragedia que ellos enfrentaban; con un poco de humor, podemos imaginar los cerdos y los caballos corriendo y hozando a lo largo y ancho de nuestras calles llenas de basura, y nos preguntamos: ¿Cuáles cerdos harían la labor de limpieza en nuestro país? ¿Es que acaso aún existen en cantidades suficientes para realizar tan gran tarea?
El problema de la higiene, tuvo un alto costo en vidas humanas. Durante la epidemia de fiebre amarilla de Memphis, Tennessee y Nueva Orleans (1878) murieron alrededor de 10.000 personas. La gente atribuía la fiebre amarilla y otras epidemias al aire contaminado, que las autoridades llamaban “miasmas”. Así que para colmo de males, las personas dormían en habitaciones poco ventiladas o sin ventilación para preservar la salud”. (Habitaciones de seguro húmedas y malolientes).
Este cuadro empeoraba por la falta de instituciones donde encontrar ayuda. El hospital en la década de 1840, era un último recurso, “un lugar donde caer muerto”. La gente de dinero hacía que los médicos los tratasen en casa. El remedio era peor que la enfermedad. Lo primero era purgar algo del exceso de sangre, una pinta (473 ml o dos). La purga del cuerpo seguía a la sangría; los médicos empleaban drogas poderosas compuestas en parte por mercurio y estricnina, que ahora sabemos son extremadamente venenosas. Se creía que la fiebre, la diarrea y los vómitos, eran síntomas de recuperación; las drogas vaciaban el cuerpo de fluidos de una manera rápida y violenta. Con razón la llamaban la era de la medicina heroica. "El error es un asesino. La verdad nos libera." Datos tomados del libro: "Lecturas Devocionales para Adultos: A menos que Olvidemos. La salud en el siglo XIX". George R. Night. pág. 162-164.
Es importante aceptar nuestro presente y tener buen ánimo para enfrentar el futuro; aunque la situación parezca insostenible, siempre cuando se cierra una puerta se abre otra. Nuestra situación en cuanto a la salud es paupérrima, pero gracias a unos hábitos de higiene muy arraigados, aún sobrevivimos; tenemos mala alimentación, es verdad; terrible situación de ambulatorios, hospitales y hasta clínicas; escasez de medicinas para enfermos crónicos y terminales; problemas con el agua potable: su salubridad y mal servicio; pero gloria a Dios, nos bañamos aunque sea con tobitos; no hemos perdido nuestro indomable buen humor, por tanto hacemos chistes de la situación y mantenemos la entereza aunque nos sintamos impotentes, rabiosos y desgarrados por dentro. ¡Arriba Venezuela!
Les dejo estas reflexiones que demuestran como un país puede solucionar sus problemas; el desarrollo impresionante de Nueva York, es un ejemplo muy convincente que cualquier escollo puede ser superado. Buen ánimo a todos los amigos que de una u otra forma somos victimas de la situación imperante en Venezuela. Saludos querida familia Steemit. Dios les bendiga.
Nota: Las ilustraciones fueron realizadas a lápiz por mi persona.