Soñé con nuestros cuerpos enlazados en la sombra
susurrando palabras, sensaciones nunca dichas;
comentando sobre cosas que nunca se nombran
fue un sueño sensual, de sublime maravilla.
Soñé que rozaba con mis labios y mis dedos
recónditos lugares de tu cuerpo ardiente;
hasta llegar al éxtasis, hasta gritar no puedo
cabalgando en un clímax, formando un torrente.
Torrente de amor, de sangre, de química
entre nuestros cuerpos que se atraen sin razón;
naciendo del roce, la ternura, la caricia,
dos cuerpos desnudos consumidos de pasión.