Cuando se ha perdido la razón que influye en la prosperidad, en el esfuerzo, en la autorealización, en el bienestar común, en el respeto y en los valores humanos más esenciales, es porque se ha elegido ser un parásito miserable y destructivo.
Quien espera que todo se lo den, que todo se lo hagan, sin siquiera haber hecho el más mínimo esfuerzo por ganárselo, se equivocó de vida. El mundo involuciona cuando se habla de «derechos»; pero, ¿y los «deberes», son solo parte del papel sanitario?