Me he hecho la misma pregunta,
miles y cientos de veces, la misma.
He indagado mis profundas entrañas;
mi carne, mis huesos, mis vísceras.
He consultado adentro de mi pecho,
al alma oprimida por cosas viejas.
He metido el dedo en la purulenta llaga
intentando sacar el mal que pudre.
He buscado respuestas donde no las hay;
si no las hay, no las hay, ¿punto?
He extirpado mis sienes y sacado nada;
sólo telarañas y gavetas polvorientas.
He interrogado con mis ojos otros ojos,
pero ni un halo de vida existe en ellos.
He oído de los cuatro vientos sus penas,
pero, ¿dónde están sus arrepentimientos?
He escudriñado en libros y papeles viejos;
lo único que encontré fueron mentiras.
He tocado las heridas mías y de otros;
aún sangran los dolores más agudos.
He metido mis narices donde nadie me dijo,
pero tenía tanta curiosidad por saber.
¿Realmente somos capaces de perdonar,
de olvidar, de sanar, de reiniciar?
QUE EL RENCOR NO NOS DESTRUYA»