Saludos estimados steemians, en especial a mi gente de Venezuela. Espero que todos se encuentren muy a pesar de la dura crisis por la cual nos encontramos atravesando.
En carne propia estoy viviendo estos tiempos oscuros. Las ideas son escasas y entiendo que solo hay espacio para los problemas de nuestro país, nuestras familias lejos peros cercanos, nuestros parientes enfermos, nuestros niños, nuestros abuelos…
No me extraña ver en cada publicación, una queja, un reclamo, sentimientos de odio, desesperanza, frustraciones, de dolor, de súplica, de deseos para que esta pesadilla acabe pronto. No me extraña porque es una necesidad de todos.
Esta mañana estuve pensando… estuve contemplando… lo mejor que podía hacer era observar la perfecta naturaleza. En estos momentos, los elementos naturales parecen ser lo único que no nos decepciona, la que no nos engaña, la que se muestra sin maquillajes, desnuda, sincera, alegre…
En estos momentos no hay transporte, no hay agua, no hay gasolina, continúan los problemas de electricidad, prácticamente incomunicados, no hay noticias, las líneas telefónicas caóticas… la recomendación, quedarse en casa.
Tenía este día y frente a mis ojos unas inmensas montañas, el sol brillaba mostrando su mejor esplendor. Yo, no reaccionaba, solo miraba y pensaba. De pronto, me dieron ganas de tomar algunas fotos y luego seleccionar algunas para mostrarlas en el blog.
Quiero aclarar que no soy geóloga ni bióloga así que, no esperen ninguna explicación sobre los tipos de rocas, montañas o plantas. Tampoco sé de fotografía es decir, no podré hablarles ni de contrastes, ni de luces, ni sombras. Soy ignorante de todo lenguaje técnico que debería ser utilizado para describir esto.
Mi intención fue contemplar, observar a profundidad, encontrarme conmigo misma para conseguir la paz y tranquilidad. Visualicé los colores del cielo, el cómo fueron cambiando al pasar de los minutos. Contemplé cómo el reflejo del sol vestía de varios colores las montañas, contemplé las horas del día.
Al mirar las montañas, recordé mi época del colegio. Cuando la maestra nos mandaba a realizar dibujos libres, yo sólo hacía montañas utilizando como figura geométrica, el triangulo. Colocaba triángulos al frente y otros atrás y obviamente, el sol encima de las montañas nunca faltaba.
Otra cosa que hacía con mis dibujos era utilizar diferentes tonos de verdes para pintar las montañas, el borde de ellas en mis dibujos era negro, este color de alguna manera le daba un toque especial, lo resaltaba, así decía yo cuando mi maestra me preguntaba.
Más cosa que no dejaba de hacer cuando dibujaba era, evitar que los picos quedaran puntiagudos, por el contrario siempre los dejaba romos, sin puntas pero,al ver el resultados final de las fotografías me di cuenta de que estaba equivocada, las montañas si tiene picos.
Entre este cielo azul, con hermosas nubes blancas realzando el color, entre las diferentes formas mostradas en los picos de las montañas, su profundidad y algunos espacios mostrando sequedad, logré relajar mi mente. Esos recuerdos de la infancia fueron maravillosos.
¿Por qué el cielo cambia sus tonos azules? ¿Por qué a veces se pronuncian tantas nubes y por qué a veces da la impresión de desaparecer?
¿Qué representan los tonos oscuros, los claros, los blancos, los ocres, los verdes, los negros, en nuestras vidas?
A partir de estas preguntas, comenzaron a rondar ideas en mi cabeza. Comparé cada elemento natural con mis emociones de este día. Tuve la sensación de que debía levantarme luego de una brusca caída, un punto de quiebre. Lo que estaba viviendo era pasajero, transitorio... el momento de la tristeza, la sensación de querer llorar, las ganas de tomar fotografías, el momento de mirarla y seleccionarlas, el momento de detallar cada azul, cada verde, cada negro, cada blanco, los recuerdos de mi infancia, de mis maestras, de mi escuela, de mis actividades de niña eran necesarias para salir de la depresión.
Fue cayendo la tarde y con ella, se fueron apagando los colores. Apenas entre las nubes, se reflejaban los rayos del sol. poco a poco nubes grises se posaban como gigantescas cortinas.
Poco a poco el sol se fue ocultando, en su lenta caminata, iba dejando sombras entre las montañas. De la misma manera se apagaba algo en mi. Sentí paz, tranquilidad, volví de nuevo a la vida.
Entraba a la casa y de pronto, sentía las ganas de mirar otra vez las montañas, quería continuar observando el final día, los últimos rayos de sol, la llegada de la noche.
Cerré mi día diciendo:
Es curioso, por años he estado en frente de estas montañas y nunca había visto tanta belleza
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