Hola! He vuelto, esta vez un poco bronceada y lista para contarles mi fin de semana en familia.
A pesar de la situación tan difícil que está pasando mi país (para los que no saben, soy de Venezuela) pude tomar un breve descanso y celebrar el cumpleaños de mi abuela en la playa. Es indudable la cantidad de paisajes hermosos que se pueden apreciar en mi tierra.
En esta ocasión fuimos a Puerto Cruz, una playa que queda a 5 horas de la capital; el viaje fue largo pero junto a las personas correctas vale la pena y se hace corto.
Nos quedamos en una posada que queda en un pueblo super pequeño, decir que tiene 100 familias es una exageración de hecho; particularmente pienso que ahí está el secreto de la calidez con la que nos recibieron, gente muy familiar y gentil, para completar el disfrute del viaje.
Los paisajes, la naturaleza y mi familia hicieron de este pequeño viaje uno de los mejores, de esos que no se olvidan y que te dejan con anécdotas para contarle a tus hijos y nietos.
Mientras vivía la experiencia de este viaje, me di cuenta de algo muy importante; nos pudieron quitar muchas cosas, pero jamás nos quitarán la belleza de país que tenemos, la calidez y bondad de nuestra gente y las ganas de seguir luchando por un mejor país.