¿Por qué nos cuesta tanto ser felices, por qué tenemos miedo?
Es porque no estamos acostumbrados a sentirnos bien con nosotros mismos, que cuando conseguimos vivir contentos o satisfechos de nuestros logros nos da pavor el estar así.
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Hoy en día asociamos la felicidad con la tristeza, creemos que mientras más felices somos nos va a pasar algo malo que nos hará sentirnos infelices, tanto es nuestro temor que preferimos no demostrar nuestra alegría.
Creemos que no merecemos ser felices ya que anteponemos nuestra felicidad por desgracia, infortunio, tragedia entre otras. Así mismo, es inevitable sentirnos tristes cuando estamos eufóricos ya que son emociones difíciles de comprender.
Estamos tan ansiosos de que una situación desagradable termine rápido que sufrimos más. De la misma manera, esa ansiedad nos arruina la dicha, deseamos tanto que nunca se acabe que terminamos arruinándola.
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Las razones fundamentales por las que la mayoría de las personas no logran sentirse bien cuando algo bueno les sucede, es porque creen que no se merecen lo que les está pasando y que es inevitable que una tragedia o desgracia les pasará.
Es tanto nuestro temor de estar y sentirnos bien que no queremos decirlo ni demostrarlo por miedo a que nuestros proyectos no se realicen o nos salgan mal.
Definitivamente preferimos decir que estamos mal para no atraer “las malas vibras” que nos llevarían a tener una gran decepción, al no verse concretado los planes que teníamos.
Asociamos siempre la felicidad con desgracia que pensamos que seremos castigados por sentimos felices, es por eso no nos gusta estar contentos porque creemos que la desdicha nos llegará junto con nuestro bienestar.
Es por ello que el miedo a la felicidad lo resumimos en la palabra. (Aunque aún no está avalada por la apa encaja muy bien en este articulo):
Querofobia que significa “es un pavor inexplicable a todo aquello que nos aporta alegría o hace feliz”
No es el temor a la sensación en sí de lo que sentimos, si no a ser defraudados o decepcionados cuando logramos alcanzarla.
Se considera que esta fobia hace que las personas vivan a la defensiva y encerradas en su caparazón para protegerse de no ser lastimadas por quienes cree son el motivo de su felicidad. Sin embargo, sufren por no ser felices ya que se sienten más frágiles a ser ofendidos.
Desde niños hemos vivido con la creencia que algo malo sucederá después de lo bueno, o cuando dicen “algo malo me va a pasar hoy porque me he reído mucho”, nos acostumbramos tanto a esa ideología que es difícil reemplazarla cuando somos adultos.
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Algunas personas están convencidas que amar representa sufrimiento y pérdida de igualdad, por lo que rechazan las demostraciones de afecto; otras tienen en mente que nacieron para sufrir y que es pecado ser feliz, que Dios castiga por querer tener bienes materiales o de lujo.
Debemos tomar en cuenta que todos merecemos ser felices por el simple hecho de existir, tenemos el derecho de amar, de tener un trabajo, de progresar, de vivir sin miedos, sin prejuicios, de disfrutar plenamente nuestras actividades.
Decidamos ser felices sin temores, sin manías, obsesiones, desconfianza y preocupaciones; sólo así lograremos encausar nuestras vidas de la mejor manera.