He teñido de silencio mis pestañas,
he abierto la ventana de mis miedos y
he colgado la soledad de las persianas;
siempre y redundante soledad,
siempre silencio,
ya no huyo de tus muros,
aunque me nuble los sentidos
ya no huyo.
He convertido la soledad en mi refugio,
compañera ineludible de mis versos.
cómplice de esas noches de desvelos
cuando el silencio ahuyentaba tantas culpas
tantas dudas acumuladas,
y que ahora son sólo arena
resbalando entre los dedos,
y ya no huyo
he exiliado al miedo
de mi vida,
esta noche de cisnes blancos en el cielo.
he camino por su cornisa,
aguantando las ganas de salir corriendo
pero me he contenido tantas veces
que ahora puedo cerrar los ojos
y no caerme.
y ya no huyo,
me he detenido en medio de la acera
para verlas llegar y
les he abierto la puerta.