¡Hola de nuevo! Sé que he estado muy desaparecida de la plataforma, son muchos factores internos y externos los que no me han permitido seguir escribiendo, la tensión se acumula, mi mente se niebla y no logro enforcar las palabras precisas para contar nada. Todos mis relatos se basan en experiencias, realidad y ficción en una mezcla de mi amarga vida. Esta vez mi retorno es muy distinto a otros. Después de arrepentirme tantas veces de subir esto, aquí voy...
Recuerdo perfectamente aquella mañana, desperté contando las horas para salir de ese pequeño pueblo que me dio cobijo por un mes. Era poco tiempo, pero estaba harta de mi nueva identidad.
Dos días antes había recibido una llamada de mi antigua vecina, estaba muy agitada y me comentó que en la casa donde solía vivir, justo luego de mudarme, hubo un tiroteo que cobró un par de víctimas. Quedé helada, agradecí que salí de esa ciudad, quién sabe que hubiese sucedido de haber seguido allí.
Decidí que aprovecharía esa segunda oportunidad que me dio la vida estando feliz, disfrutar de todo lo que me gusta, conversar con la gente y hacerles ver otros puntos de vista para minimizar sus problemas. No soy psicóloga ni nada, pero creo que las personas solo necesitan a alguien que escuche y le importe.
Así que ese último día, en ese magnífico pueblo, lo primero que se me ocurrió para celebrar mi despedida fue comprarme mi chocolate favorito y luego ir a buscar unos audífonos que tanto había deseado. La música es muy importante en mi día a día, hago listas de canciones para todo: viajar, despertar, leer, escribir y hasta para la ducha. Me transporta a distintas situaciones, me hace revivir momentos. Me es tan vital como respirar.
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La historia comienza allí, me dirigía a la tienda donde había pillado a los mejores audífonos del mercado. Hacía un día precioso, era nublado y aunque había más frío de lo normal, mi buen humor no me permitía quejarme por ello.
Entré al establecimiento y me quedé un gran rato observando todos los artículos que vendían. En ese momento se presenta un chico con muy nueva vibra para atenderme, no paraba de hablar sobre todo y nada, teníamos muchas cosas en común. Compartíamos gustos en música y pasión por la misma carrera. Jamás se me hubiese ocurrido lo amenazada que podría verse mi vida unas horas después.
Le compré los audífonos que deseaba y le compartí de mi chocolate favorito. Seguimos conversando en ese lugar hasta que se presentó ante nosotros la indeseable brisa del final de la tarde. Así que me invitó a un café, cosa que hacen los pueblerinos todo el tiempo, ¿por qué sospechar de nada?
Llegamos al lugar, y debo decir que era muy agradable, cálido y con buena música. Había muy poca gente y en cuestión de minutos el lugar quedó completamente vacío. Todo corría a su ritmo normal, el local te permitía colocar música y eso hicimos. Incluso le mostré algunas bandas de mi tierra y él otras tantas.
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Sé que se acerca el momento de ir al punto, pero creo que nunca se me ha complicado tanto contar una historia.
Estaba sentada viendo una noticia sobre mi país que estaban transmitiendo en la televisión, mi corazón dio un vuelco y las lágrimas cayeron. Yo comprendo que cuando una persona se ve vulnerable algunos tienen la reacción de hacer algo, así sea inapropiado. También se debería entender que mi mecanismo de defensa para cualquier desconocido es de rechazo y se debe respetar. Eso no pasó.
En cuanto vi lo que estaba a punto de ocurrir, mi modo de supervivencia volvía al máximo, así como todas esas veces que se activó estando en la ciudad extranjera de la que huí.
En cuanto puso sus manos encima lo alejé de mí.
En cuanto me apretujó con sus brazos lo contrarié con los míos.
Cuando acercaba su cara, más alejaba la mía.
Me decía que quería hacerme sentir bien, que sería rápido. Yo le respondía que no, que por favor no, que no yo había ido a ese país a hacer eso.
Eso es lo último que recuerdo, antes de que apagase la luz y mi vida se fuera con ella.
Quizá se pregunten por qué nadie más vio todo eso, por qué nadie intervino... Luego me enteré de que él era el dueño del café.
No había nadie y yo no pude detenerme a mí misma de caer. Ese día algo sucedió, ese día un pedazo de mí se quebró.
Cuando desperté, agarré mi bolso y salí corriendo de ese lugar. Justo ahora estoy donde comencé y, sin embargo, todo ha cambiado. No logro huir de esos recuerdos. Tengo la misma pesadilla una y otra vez, y en ninguna salgo ganando. Me convenzo de que nada de eso pasó, hasta que los vuelvo a ver...

Solo busco una manera de sacar todo aquello de mi cabeza.
Canción que sonó en este post:
Let me down slowly - Alec Benjamin
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