El filósofo francés Jean-Jacques Rousseau creía que los seres humanos éramos buenos por naturaleza. En su obra Sadeth, Roussseau plantea la existencia del hombre natural, un estado natural del hombre en el que es un ser bueno y feliz, ajeno a toda guerra o conflicto y que se mueve por dos fuerzas metafísicas: el amor a sí mismo y la compasión. Es un ser inocente, como un niño pequeño. Y afirma que es la sociedad la que se encarga de corromper al hombre, creando así al hombre histórico, un ser vil, egoísta, y lleno de odio. Este hombre no puede mostrar lo que realmente es y por lo tanto ha de ocultar, su vileza, su egoísmo y sus pasiones. ¿Pero si el hombre es quien crea la sociedad? ¿No debería ser el hombre persé maligno?
No todos los filósofos afirman que el ser humano sea bueno, Thomas Hobbes popularizó el leimotiv: Homos Hominis Lupus est, cuyo equivalente en español vendría a ser algo como: El hombre es un lobo para el hombre. Esta frase se utiliza para hacer referencia a todos los horrores que la humanidad es capaz de cargar consigo misma, La misma frase es utilizada en su obra De Cive. La tesis central gira en torno al el egoísmo en el comportamiento humano, afirmando que la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia. Motivado por un periodo de guerra civil en Inglaterra, escribe su obra cumbre el Leviathan, en el que se plantea la creación de un contrato social para establecer la paz entre las personas. Es cuestionable de cierta forma puesto que la sociedad es una construcción del hombre.
¿Y la ciencia? ¿Qué plantea el método científico?
¿Y la ciencia? ¿Qué plantea el método científico?No solo los filósofos han tratado de darle respuesta a la naturaleza del ser humano. Stanley Milgram motivado por los acontecimientos de la segunda Guerra mundial desarrollo un experimento (Muy famoso), en el cual se buscaba determinar si ciudadanos comunes y corrientes eran posibles de cometer actos atroces contra otros desconocidos. El experimento demostró que los seres humanos solo necesitan un poco de incentivo por parte de alguna autoridad para cometer actos maléficos y terribles. Concluyendo que los seres humanos son malos por naturaleza.
Un estudio reciente de investigadores de la universidad de Yale y Harvard centraron su investigación en la pregunta: ¿Es nuestro instinto ser altruistas o egoístas? Partieron con un estudio en el cual les daban a voluntarios una serie de tareas en la cual tenían que decidir ciertas actividades para trabajar de forma individual o colectiva. La respuesta más común fue la de cooperar con los demás. Las respuestas entorno al egoísmo se dieron después en las que el individuo podía pensar mejor su decisión. Arrojando como resultado que está en la naturaleza del ser humano ayudar a los otros y que somos inherentemente buenos como decía Rousseau.
Ahora bien, ¿Quién tiene la razón finalmente? ¿Somos buenos o malos?
Ahora bien, ¿Quién tiene la razón finalmente? ¿Somos buenos o malos? Las personas no son tranquilas ni mucho menos pacíficas, de hecho somos más salvajes de lo que nosotros creemos, Jordan Peterson es una persona que cree esto. La respuesta al control de estos pensamientos y deseos primitivos, que son intrínsecos e inherentes en el ser humano, es la cultura y la sociedad. Así como el deseo de dañar y perjudicar a otras personas puede ser placentero, también hay una necesidad inherente del ser humano por socializar y vivir en comunidad. Por lo cual, el ser humano reprime sus instintos más primitivos para así formar relaciones y vínculos que satisfagan sus necesidades. Si vemos la forma en la que nuestra sociedad ha evolucionado con el paso del tiempo, podremos notar que desde el principio de los tiempos (la era paleolítica) el homo sapiens o el neandertal se agrupaban con otras neandertales con fines diversos, entre estos protección, procreación, entre otros. Luego vino la creación de Tribus, imperios, estados, entre otros muchos sistemas de clasificación social y política. Y aunque hubo una gran cantidad de guerras y mucha maldad con el paso de tiempo, es innegable que todos estos acontecimientos llevaron al mundo donde lo estamos hoy, un mejor mundo, aunque no lo creamos. Estamos viviendo desde el inicio del siglo 20 los años más pacíficos en la historia de la humanidad si se le compara con los últimos 2000 años, esto de acuerdo a un libro publicado de Steven Pinker en el 2011, en el cual, se afirma que el mundo en el que vivimos hoy en día es mucho mejor y cada vez es mejor. Sólo a través de la misma sociedad es que el ser humano ha alcanzado el nivel de desarrollo que ha alcanzado hoy en día. Ya que la sociedad es el factor fundamental para la detención y la represión de todos estos instintos primitivos que nos limitan a desarrollarnos como tal.
Por otro lado, hay otro factor muy fundamental presente en la sociedad y que estimula los comportamientos primitivos humanos, el poder. En el libro escrito por Robert Greene, las 48 leyes del poder, la tesis principal plantea que es inherente en el ser humano la búsqueda poder, todos los seres humanos estamos en busca de él, en términos sociológicos, sea de una u otra forma, extorción, manipulación, fuerza, traición, entre otros, son algunos de los recursos usados por el ser humano que resaltan su carácter más primitivo para la obtención del poder.
Cuando hacemos algo malo, sabemos y reconocemos dentro de nosotros lo que estamos haciendo y aun así seguimos con ello, y si nos cuestionamos el por qué hacemos esto, más y más profundo nos hundimos. Pongamos el caso de que traicionemos a alguien, si indagamos la razón principal de por qué lo hicimos, caeremos en una serie de razones hasta llegar a la razón final. Algo muy parecido al final del infierno de dante. Cuando se llega a la misma, es cuando realmente descubrimos la naturaleza exacta del ser humano y de lo que es capaz. Y es por esto que el ser humano es un ser tan paradójico, puesto que si podemos controlar toda la maldad que hay en nosotros, no tenemos que ser monstruos.
La respuesta a la pregunta, es que tanto la maldad como la bondad están presentes en el ser humano, por lo tanto somos seres ambivalentes. No puede existir un ser humano que en su totalidad sea malo o bueno. Somos un cuerpo en el cual habitan y coexisten dos fuerzas metafísicas que van más allá de nuestro entendimiento.
¡Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa es qué parte elegimos para actuar, esa es quien somos en realidad!
Quien lees en este momento es un joven estudiante de idiomas modernos de la Universidad Central de Venezuela. Quien se considera así mismo, ideólogo, pragmático, y amante de la verdad y el conocimiento.