“Bienaventurados los puros de corazón, porque verán el rostro de Dios”. Porque la ausencia de esta única virtud, la pureza, anula todas las demás virtudes.
Sin embargo se cree que el mundo no tiene lugar para los ingenuos y que están expuestos al sufrimiento. ¿Sera necesario ser precavido ante la maldad o exponerse al sufrimiento?. Pero es un hecho innegable que la maldad amarga la dulzura y la pureza de la vida. Sin embargo siempre será mejor tener paciencia y compasión con aquellos que desperdiciaron la oportunidad de convivir con esta alta virtud, lo mejor que puede poseer cada quién. Pero la desconfianza del ego impide ver la verdadera belleza del mundo, más allá de la belleza de sus paisajes, pues esta se encuentra dentro de las personas y es su pureza.
Es mil veces mejor ser el traicionado y no traicionar, así se convierte la tristeza en sabiduría, por tanto el dolor al hacer humilde a una persona no ha sido desperdiciado. Siempre será una buena decisión evitar el mal, sin embargo por alguna razón o propósito este aparecerá y arremeterá en algún momento.
Y la decepción bien trabajada se convierte en un gran aliado para la evolución personal.