Eran incontables las penas que llevaba en su pecho.
Que toda su vida podría resumirse en una palabra. Dolor.
Hasta que las estrellas del amanecer le despertó
y así mismo el grito sagrado desde el fondo mismo de su corazón.
Y volvió a sentir correr el río sagrado de la vida otra vez.
Soplando las flores y no conociendo más el paso del tiempo.