Medio mundo disfrutando del invierno y la presunta ola de frío mientras en el oriente de Venezuela nos asamos durante el día y nos exponemos a una neumonía de noche.
Todos estamos claros aquí que sólo tenemos dos estaciones: calorón y palo de agua. Pero este diciembre se convirtió en la mezcla de ambos: un cóctel de desgracia para los pobres peatones o desafortunados dueños de vehículos sin aire acondicionado.
Terribles mañanas de 34° y sensaciones térmicas características de la superficie del sol han sido nuestro día a día en Puerto la Cruz estos últimos días. Cuando por lo general este era el inicio de los meses más frescos del año, hoy el calor no perdona ni al que sale bien bañadito de su casa.
A pesar de todo eso, pasamos de un hornito a los vientos de un huracán categoría 5 en segundos, y en minutos, de la nada se asoman nubes apocalípticas mientras el sol sigue haciendo de las suyas. No sé ustedes, pero yo salgo y a los 5 minutos ya pareciera que me hubiera sobrevivido al atropello de una moto.
Viene agua pero el sol se niega a abandonar la partida
En este momento, mientras escribo, escucho puertas cerrarse como si un caballo las hubiera golpeado con furia, lucho contra la cortina que se atraviesa entre mi rostro y la pantalla y mis manos con el teclado, además, por una ventana el brillo del sol me ciega un ojo mientras el otro, en su campo visual, detecta una tormenta acercarse.
¿Cuándo nos tocará nuestra ración de frío decembrino?
El único consuelo, es que durante las noches los vientos vienen de baja temperatura, el desconsuelo, que sólo trae cemento y arena consigo así que tenemos que resguardarnos de él PERO como se volvió costumbre nuevamente pasar hasta 3 horas sin electricidad casi a diario, no podemos ignorar la disyuntiva entre morir de calor o dejar que nuestros cabellos bailen al compás del viento confiando en nuestro sistema inmunológico.