Nunca me había afectado tanto que un día feriado cayera tan atravesado sino hasta hoy, que luego de amanecer de la dominguitud que tuvo éste 5 de Julio, me levanté completamente dispuesta a empezar la dieta, creyendo que era lunes.
También me dispuse a hacer todas las diligencias pendientes de mi vida, incluí en mi lista los ingredientes que iba a poner al vapor, averiguar el monto de la mensualidad del gimnasio (claro, si es que acaso verifico que en mi armario tenga el outfit on point para emprender el camino de ser más saludable), ir al banco a hacer esa preguntica que siempre pospongo, comprar el aguacate para la mascarilla del cabello porque a partir de hoy sí me lo iba a cuidar mejor, iniciar los trámites a los que tanta larga le he dado, pero vaya osadía la mía si me lanzaba a la piscina de responsabilidades en pleno viernes.
Casi casi tomo las riendas de mi vida jurando que era el día y la hora perfecta para hacerlo, ¿en qué estaba pensando? ¿Que una vida puede cambiar un viernes? Si un viernes no es LUNES.
Ojalá este lunes que viene tenga la misma disposición con la que me levanté hoy de forma equivocada, porque sino no sé qué será de mi, tendré que esperar una semana más y ya casi es el mes de vacaciones.
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Probablemente lo deje todo para Enero.