Este miércoles, mientras veía el primer tiempo del Real Madrid - Juventus, me sentía agradecido por poder disfrutar de estos partidos. De estas noches mágicas, como diría Luis Omar Tapia, que nos regala la Champions League.
Parecía una clasificación fácil para los merengues después del 3 a 0 del primer encuentro, pero no lo fue. La Juventus sacó todo su orgullo y garra y puso el partido 2-0, en unos primeros 45 minutos donde Gianluigi Buffon elevó un poco más las ganas que tenemos muchos de sus fanáticos de que no se retire jamás.
Honestamente, uno de los mejores primer tiempo que he visto en mi vida.
La segunda mitad se vio manchada por la jugada que ahora todos comentan: un penalti muy discutido a pocos segundos de terminar el partido, que provocó la expulsión de Buffon, el pase a semifinales del Real Madrid y otra inolvidable celebración de Cristiano Ronaldo.
Hoy, mientras leo como cientos de personas acribillan en las redes sociales a Buffon por sus declaraciones posteriores sobre el juez Michael Oliver, a quien catalogó de "animal" y de tener por corazón un "cubo de basura"; acusan a Oliver de "venderse"; y a Cristiano de hacer una "lamentable" celebración, me permito el atrevimiento de tomar este humilde espacio para salir en defensa de estos tres personajes, que creo son juzgados por el único pecado de ser humano.
Un caballero fuera de sus casillas
Cuando leí las graves declaraciones de Buffon tras el partido, me sentí un poco mal y decepcionado por tener que ver a alguien que admiro tanto en ese estado. Recordé a un Zidane cabeceando a Materrazzi en el último juego de su vida: la final del Mundial de Alemania 2006.
Sin embargo, entendí que se pusiera así. Buffon es, sin duda alguna, el mejor portero de todos los tiempos y merece mucho más de lo que ha ganado durante toda su carrera. Quizás el encuentro del Madrid fue la gota que derramó el vaso ante sus recientes derrotas personales que no lo han dejado bien anímicamente: su llanto tras quedar fuera del Mundial lo demuestra.
Sé que cuando el veterano arquero reflexione sobre lo que pasó, se sentirá mal por lo que dijo y hasta posiblemente pida disculpas. Resalto su frialdad para dirigir su ira hacia el árbitro y no hacia el Madrid, como hizo Giorgi Chiellini, que insinuó con un gesto bochornoso que el equipo blanco había pagado por el penalti.
No será por esta situación que recordaré a Buffon.
La injusticia del verdugo que sólo ve
Siempre he dicho que los errores arbitrales son completamente entendibles porque todas las jugadas de este deporte son complicadas. Lo único que critico es cuando son muy seguidos, porque equivocarse tantas veces en un mismo partido a favor de un sólo equipo, no es normal.
Yo sigo dudando de si fue penalti o no fue penalti sobre Lucas Vázquez, aunque muchas de mis fuente más confiables dicen que no existe.
Pero no estoy de acuerdo en que se linche al árbitro por presuntamente equivocarse, pues cualquiera hubiese podido errar en una jugada así, ya que fue muy rápida y Benatia cometió dos errores muy graves: ir con las manos por delante y el pie arriba. El marroquí facilitó todo para que se pitara.
En todo caso el error está en no implementar el VAR en la liga de campeones.
Después de eso, siento que hay una obsesión desmedida por intentar restar méritos al Real Madrid que, claramente, merece estar en semifinales (como también pudo merecerlo la Juventus).
En el City - Liverpool del martes hubo más de tres jugadas polémicas y no vi mucho alboroto ni de hinchas comunes, ni de medios de comunicación. Parece que existe una manía por parcializarse de manera descarada en contra del actual campeón de Europa.
Creo que Michael Oliver hizo una partido decente y ese penal no lo arruinó.
Un odio incomprendido
Confieso que suelo alucinar con los comentarios que se hacen con respecto a Cristiano Ronaldo. No sé en qué momento de la historia se convirtió en una especie de anticristo futbolístico, a quien se le ataca constantemente para dos cosas: ningunearlo como futbolista -lo que es completamente risible y ridículo-, y retratarlo como el malo de la película.
Ayer tras sacarse la camiseta y celebrar frente a todo el Santiago Bernabéu el pase in extremis de su equipo, vi como empezaron a llover malos comentarios sobre su manera de festejar, como si existiera un manual para ello.
Cuando era niño y no se había implementado la regla de la tarjeta amarilla cuando un jugador se quita la casaca, este tipo de actos eran mis favoritos. Creía que no había mejor manera de celebrar un gol. Y lo sigo creyendo.
Si bien es cierto, que fue un momento delicado por la expulsión de Buffon, debo decir que ni la tarjeta roja contra el portero, ni el penal dudoso fue responsabilidad de Cristiano. Por lo tanto, defiendo su derecho humano de gritarlo como le diera la gana.
El año pasado, cuando Lionel Messi hizo un gesto parecido en ese mismo estadio tras matar un clásico en el último minuto y llegar a su gol número 500 con el Barcelona fui claro y raspao con un amigo vía Facebook, a pesar de mis gustos por el Madrid: si Lionel no lo celebraba así, había que matarlo.
Pero no es sólo "Lio" quien se ha vuelto loco por goles así y me incomoda tener que recordar ese momento, porque me incomoda tener que caer en las fastidiosas comparaciones que se suelen hacer sobre estos dos extraterrestres. Sólo lo tomo como referencia para defender el legítimo premio que posee todo jugador de enloquecer cuando llega a lo extraordinario.
Por supuesto, que pocos hablan del Cristiano que fue a buscar y a consolar a Buffon tras el partido. La razón es obvia: ese Cristiano no vende. No vende el Cristiano buen padre, buen compañero, buen líder, buena persona. Vende el Cristiano mala gente que comete el pecado de volverse loco en otro encuentro inolvidable para su carrera. Y que pena que sea así.