"¿Que si me iría? Sí, sí me iría, me iría demasiado". Esta es quizás una de las frases más emblemática e inolvidable de los últimos años en la historia de Venezuela. La pronunció Paul, un joven que fue entrevistado para el documental Caracas, ciudad de despedidas cuya finalidad era obtener una nota, pues era un trabajo universitario. Pero fue más allá cuando lo publicaron en youtube y corrió como pólvora por toda internet. "La verdad es que con todos los mensajes que recibí por Facebook y las amenazas, fácilmente hubiese podido pedir asilo político", expresó Paul años después en un trabajo de El Estímulo.
Por la naturaleza que tiene el venezolano de mamar gallo (burlarse), aquel material audiovisual sirvió no sólo para que conductores del canal del Estado o el propio fallecido presidente Hugo Chávez lo utilizaran para mofarse de los chamos tratando de ocultar la crisis de inmigración que empezaba a crecer, sino que fue comentado y criticado en las columnas de opinión de los diarios más importantes del país, y también dio para que personajes como Emilio Lovera y Luis Chataing le dedicaran sketchs en sus extintos programas televisivos.
"No me extrañó que Chávez hablara del video. Él se dedicó a ser una suerte de Don Francisco, más que un presidente, todo para desviar la atención colectiva de lo que era realmente importante. Claro que me reí muchísimo de lo surreal de la situación", dijo Ivanna, una de las protagonistas.
Hoy, cuando lo único que escuchas hablar en las panaderías, estaciones de autobuses o centros comerciales es sobre personas que se han ido o que están planeando irse; cuando en la mayoría de tus grupos de WhatsApp eres el único que queda en Venezuela; cuando el salario que ganas por todo un mes vale menos que un dólar; cuando ves a personas comiendo de la basura o sabes que hay niños muriendo de hambre literalmente, vale la pena preguntarse si ver el vídeo de nuevo causaría la misma gracia que en el 2012 cuando incendió las redes sociales, más allá del tono sifrino de los jóvenes y su necesidad de dejar en claro que vivían en el este del este caraqueño.
Si hoy se publicara, estoy completamente seguro que no tendría la misma viralidad, ni los venezolanos tomaríamos la misma actitud burlesca y odiosa que en aquel entonces, puesto que a lo mejor ahora todos -o casi todos- nos queremos o estamos pensando ir demasiado de este infierno en el que se ha convertido Venezuela.