Una de las mejores escenas del Joker de Christopher Nolan interpretado por Heath Ledger se presenta en la comisaría de Gotham City cuando el terrorista es detenido. Para liberarse provoca a uno de los oficiales diciéndole que había torturado a sus amigos antes de asesinarlos y que, cuando una persona está a punto de morir de manera cruel y despiadada, muestra lo que realmente es.
"Así que básicamente yo conocí a tus amigos mejor que tú", expresa el villano en tono burlesco.
Quizás eso fue lo que pasó este lunes 15 de enero: Venezuela conoció al verdadero Óscar Pérez. Sin helicópteros, ni cámaras, ni banderas, ni constituciones, ni asaltos al estilo del Capitán América. Sólo Pérez, su desesperación y un teléfono a través del cual pedía piedad y exigía su legítimo derecho de ser juzgado por fiscales de la nación.
Esta fue la segunda vez que vi algo humano en aquel sujeto de ojos verdes que enviaba mensajes desde la clandestinidad. La primera fue en un artículo publicado por Daniel Lara Farías en La Cabilla. En el texto, cargado de un poco de homofobia, el columnista dice que fue profesor de Pérez a quienes todos le apodaban el “gato”.
"Uno normalmente recuerda a los buenos alumnos y a los malos alumnos. De Oscar Pérez me acuerdo, sin duda. Era uno de esos alumnos que intervenía y preguntaba y discutía. Ni más ni menos que eso. Una o dos veces más supe de él en sus andanzas de 'comando' y todo aquello. Ni una opinión política, ni una genialidad sobre el país. No. Un hijo de papá que llego a policía igual que papá y que le pagaron el curso de piloto con dinero del Estado. Solo eso", escribe Lara Farías.
"Hago esta incómoda y fatua introducción para poder explicar mi incredulidad, agnosticismo y escepticismo a propósito de las acciones de Oscar Pérez desde el día que salió montado en un helicóptero lanzando explosivos sobre ciertos puntos de Caracas. Me pareció, desde todo punto de vista, una acción desesperada, ridícula y fuera de lugar que una persona con un recurso tan valioso como una aeronave, hiciera una ridiculez y no una acción policial real, porque se supone que el señor es policía. Sencillamente, me decepcionó su accionar (...) La pantalleria posterior confirma mis sospechas: pura paja. El tipo quiere ser youtuber o instagramer o quien sabe qué. Pero allí no hay sustancia, ni proyecto de país", agrega.
Yo no sé si el "gato" quería ser youtuber, instagramer o si era un agente del Gobierno pagado para distraernos de las cosas realmente importantes que pasan en el país. Lo que sí pude ver es lo que quería este lunes: Entregarse con la esperanza de volver a ver a Sebastián, Santiago y Dereck, sus hijos. Pero lo acribillaron.
“Sebastián, Santiago, Dereck, saben que hemos hecho esto es por ustedes, por todos los niños de Venezuela. Espero verlos muy pronto, los amo hijos, los amo”, afirma en uno de los desgarradores vídeos.
El asesinato cruel y cobarde de Óscar Alberto Pérez y su equipo se produjo el mismo día en que mi sobrina cumplió su primer año y en redes sociales pude leer a una gran cantidad de personas llamando show a los vídeos en Instagram e incluso burlándose porque se la había "acabado la novela". Ni siquiera el vídeo de su madre los conmovió. En estos mensajes sólo pude observar a un país completamente dañado y enfermizo, igual que sus gobernantes. A un país en el que no quiero que crezca Victoria Alejandra.
Descansa en paz, Óscar Pérez.