Cuando era niño solía escuchar que si quería tener dinero tenía que ser abogado, arquitecto o ingeniero. Que si era profesor me iba a morir de hambre, lo cual me aterraba porque después de agente secreto y futbolista, me veía como profesor de educación física; algo que cambió rotundamente cuando empece a leer frenéticamente cerca de los 17 años y descubrí que lo que en verdad me apasionaba era escribir.
Pero honestamente no entendía eso de "morirse de hambre", pues mi madre nos sacó adelante a mi hermano y a mí con un sueldo de profesora y, aunque teníamos muchas limitaciones, nunca nos faltó nada ni yo sentí que era "pobre".
Por tal motivo, creo que aquella afirmación nunca había tenido tanto peso -aunque en la Venezuela de hoy en día también se mueren de hambre abogados, arquitectos o ingenieros-, lo cual es dramático porque nuestras escuelas, liceos y universidades se están quedando sin docentes porque muchos de éstos profesionales están emigrando en busca de nuevas oportunidades lejos de su campo laboral, o simplemente se quedan en la nación y se dedican a otra cosa como el comercio informal, porque este trabajo simplemente "no da".
En ese sentido, me parece interesante algunas estrategias de instituciones en Maracaibo que he conocido por medio de mi mamá -que aún ejerce- y diferentes medios de comunicación que han reseñado esta tragedia.
Por ejemplo, el dueño de la escuela de mi señora madre la lleva a casa, junto a unas cinco maestras más, al terminar la jornada pasada las 12:00 del mediodía, con lo que se ahorran gastos por transporte público.
Asimismo, este método se ha aplicado con otras trabajadoras que han sido encargadas a representantes de alumnos que vivan cerca de ellas. Adicionalmente, se les está pagando un "bono" que, aunque no es mucho frente a la hiperinflación que vivimos, para algo les sirve.
Por otra parte, he leído que en algunos colegios se les pide a los representantes, con el incentivo de no aumentar la mensualidad, que entreguen a la institución al menos un paquete mensual de "algo" como arroz, harina o azúcar, lo que es repartido posteriormente entre los empleados.
En otros, se les ofrece a los padres y madres un gran descuento si pagan en efectivo, el cual también se reparte entre los profesionales con la intención de ayudarles con los pasajes diarios, ante la crisis de efectivo que vive el país.
Este tipo de medidas no garantizan que estas personas, con una labor tan noble como es educar, obtengan la calidad de vida que merecen y refleja la gran miseria en la que estamos viviendo. Pero al menos ayuda a que resistan un poco. El problema es cuánto podrán hacerlo.