En la mayoría de los países del mundo existen ídolos incuestionables. Personajes históricos que unen a miles de compatriotas a pesar de sus diferencias políticas o religiosas. En Venezuela Simón Díaz. En Colombia Gabriel García Márquez. En la India Gandhi. En Francia Zidane.
En la mayoría de los países del mundo, con la peculiar y curiosa excepción de Argentina.
Desde el Che Guevara, pasando por Charly García y hasta Diego Armando Maradona: Ninguno ha conseguido ser admirado sin a la vez ser odiado, provocando una división entre sus defensores y sus no defensores.
Ni siquiera Messi, la versión mejorada de Maradona, ha logrado evitar confrontaciones.
Pero lo más insólito es descubrir que tampoco lo ha conseguido Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el Papa Francisco, a pesar de ser una nación tan religiosa.
De acuerdo a un artículo de El País, el máximo representante de la iglesia católica ha evitado regresar a su lugar de origen en numerosas ocasiones desde que llegó al Vaticano, levantando infinidades de críticas por parte de los argentinos.
"En 2013 tenía que asentarse. En 2014 aún estaba en el poder Cristina Fernández de Kirchner, con la que tuvo enfrentamientos durísimos cuando era arzobispo de Buenos Aires. En 2015 había elecciones presidenciales. En 2016 Macri vivía momentos duros de crisis económica y tensión social. En 2017 de nuevo elecciones, esta vez legislativas. ¿Y en 2018? Este año se acabaron las excusas. Y con el viaje en enero a Chile, el país vecino al que es imposible llegar sin pasar casi por encima de Buenos Aires, Francisco agotó cualquier margen, provocó una fuerte indignación incluso entre comentaristas argentinos habitualmente moderados con él, y desató la pregunta que recorre Buenos Aires. ¿Y si no vuelve nunca?", se puede leer en el artículo publicado por Carlos E. Cué.
Aunque parezca increíble, todo apunta a que ni siquiera Francisco, el primer Papa latinoamericano, puede ser héroe sin ser villano en la Argentina, un país caracterizado por exportar talentos en cualquier renglón de la vida.