Ya es hasta redundante mencionar la desidia que me ocasionan las festividades que imponen normas de comportamiento entre las masas. Cómo si no hubiese tenido suficiente con algunos de los profesores de escuela que gozaban del despotismo desquitandose con los cándidos infantes la tenuidad de sus honorarios y problemas intrafamiliares.
En fin, no es de extrañar que un amargado como yo (que vive en un barrio donde las pocas personas con las que podría compartir no salen de sus casas al igual que su servidor), esté empedernidamente solo (hablando del tema en cuestión) para estas fechas de exhibicionismo, simulaciones y marketing.
-¿Por qué estás tan amargado, eh, Víctor? ¡Es catorce de febrero!
-Claro que sé qué fecha es. Es una de las cuatro fechas al año en que mis "felizmente casados" padres se toman de la mano y consideran al menos otorgarse un ósculo acartonado, mecánico y fútil.
Cada conversación durante este día tiene un aporte semejante, equivalente en contenido al limbo, o a los discursos que escribe el presidente; estaba hastiado, como muchas veces, pero el calendario me acentúa y me da un prurito en la espalda. Iba caminando rápido como de costumbre, pero, para variar, sólo permitiendo que el tiempo se me escapase, mientras lo veía corriendo de júbilo a la no existencia.
Pero mi atención fue devuelta por un ente exterior. Una mujer, clásico, según mis preceptos, estaba en su punto, como me gustan y destruyen. Ella iba caminando a una velocidad alarmante para alguien de su edad, con una lentitud respetable y madura. Cuando logro estar a su lado para verle la cara, noto que me devuelve la mirada, y al parecer, ambos estábamos lo suficientemente cansados para no querer malgastar energía en mover el cuello para dejar de ver al otro.
-En la escala del uno al diez (comenté) ¿qué tan sola se encuentra para la fecha?
-¿Del uno al diez? (responde); pues creo esto no es un catorce, me siento tan desafortunada que casi se siente un viernes trece, bueno, miércoles, estoy casi segura que el olvido se olvidó de mí.
-¿Acabas de citar a Diego ojeda?
-¿Has escuchado trova española? (comenta alarmada).
-Claro, cuando no estoy pidiendo perdón por lo bailes.
Estaba a punto de sonreírle, pero se me había hecho tarde para un compromiso con un amigo, detesto la impuntualidad, y reconocí lo cómodo que me estaba sintiendo y como mis ganas de llegar a cualquier parte terminaban siendo sedadas.
La besé en la mejilla antes, antes de que ella pudiera agregar algo:
-Ahora, gracias a ti, caminaré a estas horas, por estas fúnebres y vulgares calles con el afán de converger contigo, espero que me guste tu nombre, porque tú me gustas en demasía.
Creo que abusé un poco de mi suerte, pero estas incógnitas serán respondidas.
Ojalá maracaibo por la tarde fuese tan romántico como sugiere la fotografía.