El cabello largo siempre me ha gustado usar porque considero un símbolo de feminidad, lastimosamente motivado a problemas con la caída de mi cabello decidí de cortarlo mucho más de lo que siempre lo hago.
En la búsqueda de razones para sentirme mejor conmigo misma hallé la Fundación “María Kallay” que se ocupa de elaborar gratuitamente pelucas para niñas en tratamiento oncológico, fue allí cuando tomé una importante decisión.
Acudí a mi peluquera de confianza y le conté mis planes de donar mi cabellera, para ello requería cortar 30 centímetros de cabello, así se puso manos a la obra, lavó mi cabello, lo peinó, lo ató con una liga, midió con una cinta métrica y con tijeras en mano procedió a cortarlo, así fue como luego de tener el cabello a la altura de la cintura pasé a tenerlo hasta los hombros.
Fui en persona a entregar mi donativo a la fundación, el encargado del taller me recibió, me mostró la fábrica de pelucas, me llamó la atención ver que solo hombres trabajan allí, se encargan de operar las máquinas y confeccionar implantes de cabello artesanalmente, él hizo una demostración para mí.
Con una aguja de tejer toma una habrá de cabello natural, lo pasa por una malla de tul y lo asegura a la tela con un nudo, quedé impresionada al ver que repetían estos pasos para cada cabello tantas veces sean necesarias para completar un implante, es un trabajo que conlleva mucho tiempo, dedicación y paciencia.
Los mechones donados los colocan en una caja plástica, cuando colocaron mi cabello en esa caja sentí como me desprendía en segundos de muchos años de dedicación y esmero invertidos en el cuidado de mi cabellera. Fue una extraña mezcla de sentimientos indescriptible, tanto malos como buenos, un nudo en la garganta y ganas de llorar, no sé las razones de esa reacción si mis intenciones eran las mejores.
El cambio en mi aspecto físico era notorio y las personas siempre me preguntaban: - ¿por qué lo cortaste tanto? y cuando les indico que fue una donación para las niñas con cáncer sus caras cambian por completo, se enternecen, me felicitan y hay quienes quieren seguir mi ejemplo.
Esta pequeña acción me trajo grandes satisfacciones, inspirar a otras personas fue una consecuencia, ayudar al prójimo dejando a un lado los intereses personales es algo que en mi opinión debemos practicar un poco más, yo coloqué mi granito de arena y otras personas también pueden sumarse.
¿Lo volvería a hacer? – la respuesta es ¡sí! Porque regalar lo mejor de mí fue es una experiencia inigualable.
- Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.-Platón.
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