Te regalo mi vida para que puedas
liberarte de todo sufrimiento.
Sólo pido tu vida a cambio.
¡Déjame un poquito!
Sólo para domesticarte.
Reconciliarte con tu propia sangre,
tu dolor y tu miedo.
Para que sepas que con la humillación
no se pierde nada… si algo tienes.
Para que aprendas a deberle todo al amor
y a crecer con el dolor que te revienta el alma,
te desnuda ante el otro y te desgarra la piel.
Quiero que sepas que la verdadera prisión
no son cuatro paredes en las cuales meten a los culpables.
No, la verdadera prisión es no estar enamorado.
Porque te quedas encerrado en tu propio cuerpo.