La sombra, sí; pero nunca el miedo.
¿Desde qué altura es posible contemplar la vida,
observar la curva que define el horizonte,
ver
cómo pasan las nubes
sin que ninguna sombra te eche a un lado
y te haga eludir lo que contemplas?
¿En que foso
es deseable hundirse,
para poder ignorar el viento que barre las hojas
y las esparce sobre el camino?
¿En qué camino
encontrar el árbol sobre el que reposar
la espalda
que maltrató la vida
y poder agradecerle su sombra?
La sombra la trae la luz y la desvanece.
Es, tu ya lo sabes, una Luz bella. Y es nuestra.