Tu voz me llega a veces desde una habitación lejana
en la que te sé rendida a la caricia del sol de la tarde.
Entonces te imagino desnuda y envuelta en esa luz tardía que amo tanto.
Tu voz me llega a veces desde una noche oscura
en la que estoy en vela porque te has ido
y sé que puedo sentir en la yema de los dedos
la tersura de tu piel de uva.
Tu voz me llega siempre porque no hay distancias
que me alejen de ella. Basta un rumor del viento,
el leve estremecimiento de las hojas del bosque,
el breve vuelo de un pájaro en medio de la niebla
para que el mundo se conmueva y sepa yo que
todavía estás ahí, que siempre estarás ahí.